domingo, 7 de febrero de 2016

El “qué dirán”: ¿Tienes miedo a la opinión de los demás?

qué dirán

En una cafetería una pareja habla sobre su relación. Él le dice que tiene dudas. Y ella rompe a llorar. ¡Pero no llores! Le dice él, ¿Qué va a pensar la gente?

En una tienda una chica se está probando un sombrero marrón, cree que le queda bien, es bonito. Se siente guapa. Piensa ponérselo pero, ¿Qué va a pensar la gente? ¿Y si piensan que soy rara o demasiado moderna?

En el trabajo un chico está ocupado. La mañana está siendo infernal. La faena se incrementa por momentos. Un amigo le manda un WhatsApp, lo ve de refilón. No tiene tiempo para contestar al momento, pero sino contesta al momento, ¿Qué pensará su amigo? ¿Que pasa de él? ¿Que no quiere quedar? ¿Que no es lo suficientemente importante como para contestarle un WhatsApp?

La respuesta es que la gente piense lo que quiera. No tienes que justificarte ante los demás. Cada uno está aquí para vivir su vida, no para colmar las expectativas de los demás. La respuesta es que pensar en el que dirán es lo contrario de la libertad.

Somos seres sociales, aunque cada vez más individualistas. A veces, dices que no te importa lo que piensen los demás. Pero esperas sentado mirando el Facebook a ver si alguien pone un “Me gusta” en la última foto que has puesto. Si hay muchos “Me gustas” te sientes bien. Si hay pocos te sientes más solo. En realidad estás igual de solo. O igual de acompañado.

Los “Me gustas” del Facebook solo tienen la importancia que tú le des. Como casi todo.

El Que Dirán es como si fuera un Dios antiguo en el que todo el mundo cree. No lleves esa ropa, no salgas con ese chico extranjero, no llames la atención, no hagas el tonto, no digas que eres sensible, no te muestres del todo, ¿Qué van a pensar? ¿Que eres más blando que un flan?

No necesitas la aprobación de todo el mundo. ¿Para qué? Ni siquiera la tiene el presidente del gobierno y ha llegado a serlo. Por apoyo de otro grupo de gente que si le apoya claro. Ni siquiera a todo el mundo le gusta Brad Pitt. Bueno ese quizás no ha sido buen ejemplo.

No digo que sea fácil ser libre. En el mundo hay muchas barreras contra ello, el sistema, el dinero, los estereotipos, los prejuicios, las apariencias, la publicidad… Todo lleva un cauce para que las personas sean de una determinada manera. Pero hay una gran herramienta para saltar las barreras; el cerebro, la razón.

Pensar. Abrir la mente, cuestionarnos cosas, si es más importante lo que yo quiero hacer o lo que piensa fulanito. Si son más importantes mis sueños o lo que piense menganito. Y así una larga lista interminable.

Por otra parte, lo que diga la gente solo es lo que dice la gente. Nada más. No es una realidad. Ni tiene porque ser verdad. Ni toda la gente dirá lo mismo. Porque claro, el qué dirán es mucha gente distinta, y seguro que no piensan igual.

Cuando la chica de la segunda escena se ponga el sombrero, si finalmente se lo pusiera y saliera a la calle. Seguramente habría variedad de pensamientos ¡Que sombrero más horrible Dios mío! ¡Vaya fresca y encima con sombrero! ¡Oh que bonito sombrero! ¡No sé porque no se llevan más los sombreros cuando sientan de maravilla! ¡Que chica más preciosa! ¡A quien se le ocurre salir con un sombrero a la calle! ¿Ésta qué se ha creído? ¿Dónde se cree que va con un sombrero en la cabeza?

Puede pasar que haya estos pensamientos y muchos más y también puede pasar que no haya ninguno. Que la chica del sombrero se pasee por toda la ciudad y nadie ni siquiera la mire, o no le mire el sombrero, y no le importe nada ni ella ni su sombrero.

Cuando nos importa mucho el qué dirán quizás es porque nos damos demasiada importancia a nosotros mismos. Piensa que no eres tan importante. Quizá te de seguridad.

¡Si te gustan los sombreros!, ¡Ponte un sombrero!

Photo Credit: Silvia travieso

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jueves, 4 de febrero de 2016

Me siento sola: Cómo aprender a manejar y entender la soledad

Soledad

Nuestras vidas son viajes que nos llevan por caminos que no podemos imaginar. Ojalá no pasara, pero a veces nos toca hacer parte de ese viaje solos, porque nos quedamos sin amigos, sin pareja o incluso sin familia. Hay muchas personas solas. Sólo en España, cuatro millones de personas (una de cada 10) se ha sentido sola en el último año.

Hoy me gustaría hablar de la soledad porque es una de las razones que lleva a algunos a buscar pareja. Es normal que no nos guste estar solos y que prefiramos vivir en compañía. Pero cuando lo que nos impulsa a buscar esa compañía es una huida, puede que nos lancemos a los primeros brazos que aparezcan. Y eso siempre es una mala idea.

Hoy te propongo hablar y pensar sobre la soledad, para no tenerle miedo, entenderla y aprender a manejarla. Lo hago desde mi experiencia de haber superado el temor a la soledad, gracias a distintas modalidades de desarrollo personal.

A lo mejor no necesitamos aspirar a “encontrar compañía en nosotros mismos”, como dijo el escritor, y es suficiente aprender a vivir la soledad con serenidad.

Los riesgos reales de estar solo

Hay tres buenas razones para no dejar que una situación de aislamiento se prolongue demasiado tiempo:

Tener una vida mejor

El problema de la soledad real es que nos falta esa red de apoyo, tanto material como afectiva, que necesitamos, como seres sociales que somos.

Esa red de relaciones apuntala nuestras vidas y las hace más llevaderas. Seguro que conoces casos de personas que, gracias al apoyo económico y afectivo de su gente, han podido salvar situaciones difíciles de pérdida de empleo, de su vivienda y de todos sus recursos.

“La desgracia compartida, es menos sentida”, reza el dicho.

Vivir de acuerdo a nuestra naturaleza

Somos animales sociales. Esa es nuestra naturaleza.

Hay otros animales de vida solitaria, como el tigre: vive solo, y sólo está con otros miembros de su especie para reproducirse; luego regresa a su vida solitaria. Nosotros somos una clase de animal bien distinta. Estamos “diseñados” para la vida compartida, en conexión con otras personas.

soledad

Y por eso, las situaciones de aislamiento nos afectan: son una anomalía para nosotros. Si se prolongan demasiado o no les ponemos remedio, la soledad nos llega a causar malestar psicológico.

Tener una mejor salud

Muchos hablan ya de la soledad de nuestras sociedades actuales. Incluso algunos expertos creen que es una nueva epidemia social como son la obesidad o a la depresión.

Una investigación que se publicó el año pasado dice que la soledad es tan perjudicial para la salud como fumar 15 cigarrillos cada día o sufrir alcoholismo. ¿No te parece increíble cómo el bienestar psicológico influye sobre nuestra salud total?

Desarrollar una red de relaciones

¿Qué podemos hacer cuando no tenemos a nadie con quien hablar, con quien compartir tiempo libro, con quien salir? Podemos desearlo intensamente, pero eso no es suficiente. Hay que ponerse en marcha.

¿Has oído alguna vez esa expresión de “cultivar las relaciones”? Nos relacionamos con otros de forma tan instintiva que casi nos olvidamos de que las relaciones “se hacen”, no llegan solas.

Cuando nos hemos quedado solos, nos toca volver a construir nuestro círculo de relaciones, tal vez desde cero.

¿Cómo volver a construir ese red de afectos y de intercambios?

1. Sin prisas

Lanzarse a los brazos de la primera persona que pasa nos pone en riesgo de intimar con alguien a quien no conocemos bien; y entonces puede que nos encontremos con la desagradable sorpresa de que la relación no funciona tan bien como pensábamos.

Eso también se aplica a las relaciones de amistad. Toda relación humana tiene un tempo, un ritmo: se va desarrollando de forma progresiva.

Primero tenemos que compartir tiempo y experiencias para conocernos, y luego poco a poco se dan la intimidad, y se desarrollan la confianza y el afecto.

Para evitar malas experiencias es mejor no quemar etapas, entregando nuestra confianza antes de tiempo.

2. Sin cerrarse en uno mismo

A veces ocurre. Hemos tenido una mala experiencia, o nos sentimos vulnerables, inseguros. Y nos quedamos entre cuatro paredes porque es ahí donde sabemos que no pasará nada.

Y efectivamente, nada pasa. Ni nadie.

Para hacer crecer nuestra red, tenemos que ir adonde están las otras personas. Y no sólo eso: debemos ir con una actitud abierta, con ganas de estar en compañía de otras personas y de relacionarnos con ellas.

3. Con valentía

Es verdad, a veces, la vida nos pone a prueba. No es fácil ir uno solo a encuentros con personas que no conoce, para hacer actividades o nuevos amigos. Es la verdad. Pero eso no quiere decir que sea imposible.

O a veces te puedes ver obligado a hacer actividades por tu cuenta porque no tienes a nadie con quien hacerlas.

Tal vez te has mudado de ciudad o de país. O has roto una relación y perdiste el contacto con tus amigos. Y estás solo pero querrías salir de casa para ver una película o comer a un restaurante.

Según el país o el lugar donde vivas, que una persona salga sola se ve con mayor o menor aceptación.

La cultura latina tolera mal la soledad, nos gusta muy poco estar solos. En cambio, si te fijas en la cultura anglosajona, se ve con buenos ojos hacer cosas en solitario y son muchas las personas que están más que acostumbradas a actividades en solitario, como viajar, ir al cine, a restaurantes… Y no les pasa nada.

Soledad

Siempre debemos valorar nuestro entorno, y ver si salir solos puede ponernos en riesgo. Pero eso no es lo habitual. Lo habitual es que nuestro miedo tenga más relación con lo que puedan pensar de nosotros que con una amenaza real.

4. Con inteligencia

Podemos aprender a sacarle partido a los pequeños momentos y encuentros fugaces con otras personas.

El trato o la conversación con la persona que nos vende el pan, nos sirve el café, con las personas desconocidas con las que a veces cambiamos unas palabras, son pequeñas pinceladas de compañía que pueden ayudar a mitigar la soledad.

También podemos compartir la presencia de otras personas en silencio, sin llegar siquiera a hablar con ellas. Sentarse en un parque un domingo, en un día soleado, cuando toda la ciudad ha acudido allí a disfrutar el buen tiempo, es una forma muy hermosa de sentirse parte de la familia humana, sintiéndose un miembro valioso de una comunidad de iguales.

Cuando somos capaces de sentirnos así, como una persona valiosa que por circunstancias vitales, está viviendo un momento con pocas relaciones, no culpamos a los otros de nuestra soledad, ni pretendemos que arreglen nuestra situación.

Entonces es cuando podemos dejar que las relaciones se desarrollen a su ritmo. Nos sentimos solos, pero conectados, y en la confianza de que pronto iremos haciendo nuevas amistades y cultivando relaciones importantes para nosotros, hasta que estemos cada vez menos solos. Este tipo de soledad no causa sufrimiento. Tal vez sintamos que nos falta algo importante, pero eso no llega a provocarnos dolor.

Cuando la soledad sí es igual a sufrimiento

Soledad y sufrimiento no tienen por qué ir de la mano. Pero para algunas personas sí son sinónimos. ¿Por qué ocurre eso?

Puede existir una situación real de soledad. Pero tal vez eso nos despierta sentimientos dolorosos, nos abre antiguas heridas.

Tal vez te sientes abandonado. O crees que no le importas a nadie, que nadie te quiere. O te sientes desvalida, con la sensación de ser incapaz de afrontar lo que la vida te vaya trayendo.

¿Qué podemos hacer cuando la soledad duele de una forma especial?

Serenarse

No es el fin del mundo, aunque nos lo pueda parecer. Es solo un momento de nuestras vidas, y como todos, pasará. Respiremos con tranquilidad y tratemos de conectar con lo que sentimos.

Soledad

Averiguar qué sentimos

A veces no somos capaces de conectar con nuestras emociones, para tratar de entenderlas, porque nos resultan abrumadoras. En ese caso, el acompañamiento de un psicólogo puede ser la respuesta. Un profesional puede ayudarnos a identificar qué sentimos (abandono, desesperación, falta de confianza…), y enseñarnos formas de gestionar esos sentimientos.

Si el tiempo pasa y tu estado de ánimo no remonta, recurre a un médico

Pedir ayuda cuando no podemos encontrar la respuesta por nosotros mismos, es lo más inteligente, una señal de amor por uno mismo y la solución más probable a ese sufrimiento. En ocasiones, puede que se trate un pequeño desajuste de salud que puede solucionarse con facilidad, pero que se intensifica si no podemos encontrar consuelo en otras personas.

Ya para acabar, insistir en que el miedo a la soledad es superable. Yo era de esas personas que dormía con la luz encendida, para quien un fin de semana sin planes era un verdadero desastre, que consideraba que estar sin pareja era una catástrofe.

Con el tiempo, algo de esfuerzo y distintas técnicas de crecimiento personal y meditación no sólo he superado el miedo a la soledad, sino que he pasado, se podría decir, al extremo contrario: mudarme sola al extranjero, ir al cine, a restaurantes, viajar… Y la sensación de libertad es tan dulce, que uno se arrepiente de no haberlo hecho antes.

La paradoja es que es entonces, cuando te atreves a vivir tu vida de forma independiente y libre de miedos, es cuando más crece tu red con nuevas relaciones.

Photo Credit: Silvia Travieso

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miércoles, 3 de febrero de 2016

Perfeccionismo, ansiedad, depresión y anorexia

perfeccionismo

Los datos sobre comorbilidad concurrente son muy reveladores.

¿Qué es esto de la comorbilidad?

Personas que presentan un trastorno, muestran al menos otro aunque sea en un orden secundario.

Diferentes estudios nos ofrecen porcentajes donde se corrobora esta afirmación. Por ejemplo en la revisión llevada a cabo por Clark et al. (1995) sobre muestras clínicas, se obtienen conclusiones como las siguientes: el 65% de los pacientes diagnosticados de distimia, el 59% de pacientes con depresión mayor, el 77% de pacientes diagnosticados de anorexia nerviosa, el 96% de pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), y el 80% de pacientes con abuso de drogas padecen al menos otro trastorno.

A partir de estos datos (que sólo constituyen un ejemplo) puede deducirse fácilmente que, basándonos en los criterios de diagnóstico actuales, la existencia de comorbilidad suele ser la norma más que la excepción.

Desde esta perspectiva, considero esencial tener en cuenta dimensiones transdiagnósticas, es decir, variables que están presentes en diferentes trastornos, que por tanto pueden tener una función explicativa del origen y mantenimiento del problema.

En ese sentido y respondiendo a mi experiencia clínica, el perfeccionismo, es una dimensión que está en la base y mantenimiento de diferentes trastornos que trato en consulta.

¿Podríamos decir por tanto, que si tratamos el perfeccionismo, se acabaría el trastorno?

A todos nos gustaría tener una relación de causa – efecto tan sencilla en esta profesión. Obviamente, no es tan fácil la respuesta, pero sí que podría afirmar que la mejoría que tendrían estos pacientes si manejaran de forma más adaptativa su perfeccionismo, sería evidente y no residual.

Imaginar que una persona con trastorno de alimentación manejara de forma adaptativa su necesidad de perfección en su figura, en su apariencia y en su peso.

Imaginar también, una persona con trastorno obsesivo compulsivo como tengo en consulta, donde se pudiera permitir con márgenes amplios el errar, el equivocarse, el permitirse que algo no esté bajo los parámetros estrictos que establecen como norma.

Por tanto, tengo la tentación de confirmar, que en psicoterapia es más importante trabajar más allá de síntomas de un sistema de categorías diagnósticas, e ir a dimensiones que marcan y hacen consolidarse malestares psicológicos.

¿Crees que manejar una variable como el perfeccionismo daría resultados (sobre todo en términos de recaídas) en una persona con obsesiones, con anorexia, con ansiedad?

Parece que podría ser una magnifica opción.

Photo Credit: Silvia Travieso

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martes, 2 de febrero de 2016

Cómo aumentar tus capacidades intelectuales con el ajedrez

Capacidades Intelectuales

Ajedrez y Psicología

Al saber que el ajedrez es musa para poetas, tinta para escritores, óleo color blanco y negro para pintores, actor protagónico para directores y objeto de estudio para las ciencias, es que considero importante que la psicología se vea en la necesidad continua de analizarlo.

Para escribir sobre ajedrez y psicología, me formulé la siguiente interrogante: ¿Por qué el ajedrez se vincularía específicamente con esta ciencia? Traté de brindar una respuesta visual y metafórica mediante la imagen de portada del artículo. Lo particular de la fotografía es el diseño de las uñas de la mano que guía la ficha del caballo, las cuales representarían distintas emociones.

Cualquier persona con conocimientos básicos en ajedrez puede deducir que el movimiento por efectuarse, es un movimiento en falso, pues bien, ¿Qué jugador profesional o no, puede idear una estrategia oportuna, cuando está siendo dominado por las emociones?

Por este motivo, es necesario al hablar de ajedrez hablar de mente, de procesos cognitivos, de inteligencia emocional, de personalidad, de estilo, de conducta no verbal, en fin, es necesario hablar de psicología.

La psicología del deporte, es definida por Weimberg & Gould, como aquel estudio científico de las personas y su conducta en el contexto del deporte. El psicólogo dedicado a esta rama, brinda asesoramiento a los jugadores, y a todos los agentes que intervienen en esta práctica.

El propósito es que las características psicológicas se conviertan en favorables para el desempeño del jugador. Para esto, es necesario trazar un punto de partida, por lo que el psicólogo analiza e identifica las variables psicológicas a potencializar en los jugadores.

La lucha ante el tablero de ajedrez pone en competencia a dos mentes, por lo que acorde a la psicología, es uno de los deportes que exige un mayor nivel de concentración y de dominio de emociones.

Lucha Ajedrez

Es así, que el ajedrecista, antes de ejecutar un movimiento pensará en las consecuencias de este juego individual, dándose lugar al diálogo interno, en donde la capacidad de visión sobre el adversario será un punto clave.

Pues bien, ya que tenemos a las piezas de ajedrez recostadas en el diván, y al tratarse de un juego sumamente individualista, se sugiere a los apasionados de este deporte efectuar una introspección, analizando la dinámica de sus partidas, su estilo de juego, las consideraciones psicológicas que inciden en el cumplimiento de sus estrategias y las causas de sus errores más frecuentes respecto al componente psicológico.

Ricardo Gullón, reconocido crítico literario y escritor, describe al ajedrez como aquel vicio solitario de dos en compañía. Reflexión que nos impulsa a analizar la intensa relación que se da entre ambos jugadores, especialmente porque esta relación no estará basada en el uso de la palabra ni en el contacto físico.

Esta confrontación directa del juego reúne distintos factores influyentes entre sí, como lo es la percepción que tenga el jugador tanto de sí mismo, como del oponente. En tal caso, al jugar con un rival que considere principiante o menos talentoso, existirá la tendencia a subestimarlo. Y al contrario, cuando se perciba al contrincante como superior a uno, se podría subestimar al propio ser.

Así mismo, el entender la conducta no verbal del oponente, servirá para poder interpretar intenciones en sus jugadas y anticiparse a estas. Así como el conocer la conducta no verbal propia durante el juego, influirá en el control de la misma, evitando que sea interpretada a favor del oponente.

La personalidad del ajedrecista, se verá reflejada en su estilo de juego. Esto quiere decir, que si conoces al jugador, será más fácil determinar la forma de juego que tendrá durante la partida.

Entonces, ¿Un jugador de ajedrez podría emplear la psicología como estrategia adicional en su partida? Por todo lo señalado anteriormente, considero que sí.

Por este motivo, históricamente el ajedrez ha sido fuente de investigación de diversos psicólogos. El psicopedagogo francés, Alfred Binet, en su incesante estudio sobre la mente humana descubrió el impacto positivo que ejerce la práctica de este deporte en la capacidad de memoria.

Del mismo modo, Sigmund Freud fue el primer psicoanalista en mencionar el juego de ajedrez, cuando en 1913 encontró similitudes entre los pasos requeridos para dominar este juego y las técnicas psicoanalíticas.

Freud y Ajedrez

Ernest Jones, experto ajedrecista y fiel discípulo de Freud, indicó sobre esta analogía que los aprendices de ajedrez llegan a descubrir que sólo es factible estudiar la apertura y el juego final. De tal modo podemos advertir que el psicoanalista y el ajedrecista aprenden de la práctica, siendo ambos “Psicoanálisis” y “Ajedrez” considerados como vías de expresión del arte.

Reuben Fine, uno de los mejores jugadores de los años 30, dejó los concursos internacionales y se convirtió en un reconocido psicoanalista. Dada la gran influencia de este deporte en su vida, en 1956, escribe el artículo “Observaciones psicoanalíticas respecto al ajedrez y los maestros ajedrecistas”, dando nuevamente un enfoque freudiano a este deporte hace mención a la influencia del Ego, la agresión y el narcisismo. Así mismo, en su Libro: “La psicología del jugador de ajedrez”, profundiza sobre las motivaciones inconscientes del jugador, considerando al ajedrez como una agresión intelectualizada.

En 1925, los psicólogos rusos, Djakow, Petrowski y Rudik estudiaron a los profesionales más exitosos del ajedrez, para determinar que los factores estimulados por este deporte, serían la memoria visual excepcional, la velocidad para calcular, el poder combinatorio, la concentración y el pensamiento lógico.

Ajedrez y Capacidades Intelectuales 

Siendo el cerebro un músculo, el ajedrez podría ser considerado como el gimnasio del mismo.

Al ser cada partida de ajedrez distinta a cualquier otra, este deporte representa el enigma de diversas acciones y circunstancias de la vida, desarrollando determinados procesos intelectuales entre sus jugadores. Investigaciones como la efectuada por Krogius (1972), señalan que procesos intelectuales como atención, memoria, concentración, creatividad y razonamiento, entre otros, se ven estimulados y potenciados por la práctica de dicha disciplina.

Por este motivo, se brinda un análisis sobre la influencia ejercida por el ajedrez en estas capacidades intelectuales:

Memoria

Para el ajedrecista, retener experiencias y conocimientos lo convierte en un jugador más competitivo. La reproducción de algo anteriormente aprendido en un partido de ajedrez, le permite al jugador desarrollar durante el partido las estrategias y movimientos ideales, así como también le ayuda a memorizar las posibles posiciones que su contrincante pudiese generar.

La práctica de este juego, estimula a la memoria sensorial, específicamente la icónica o visual. Así como también, a la memoria a corto plazo o memoria de trabajo, ya que es este procesamiento cognitivo el que permite el cumplimiento de tareas en las que interviene el razonamiento, la comprensión y la resolución de problemas.

Dentro de la memoria a corto plazo, el sistema que integra la información y la representa de modo visual, espacial, verbal y temporal (Hechos que ocurren en las jugadas del ajedrez), es el almacenamiento episódico.

El estudio elaborado por el doctor Robert Freidland, publicado en la revista: “The New England Journal of Medicine”, demostró que personas mayores de 75 años que habían practicado actividades como el ajedrez estaban mucho mejor preparadas para luchar contra el Alzheimer, la demencia y otras enfermedades mentales ocasionadas por deficiencias en la capacidad de memoria.

Atención y Concentración

Meza P. & Rodriguez, J. (2007), consideran que la concentración o atención selectiva es la persistencia de la atención sobre un objeto determinado. La atención capta cuantas informaciones vienen desde fuera o desde dentro del individuo y las gradúa con relación a su importancia.

Es esta jerarquía de priorizaciones, la que permite a los jugadores un mejor desenvolvimiento en sus estrategias. Siendo la concentración, una de las capacidades promovidas desde un inicio por este deporte.

Para optimizar el rendimiento es necesario que se consideren los factores que afectan estos procesos, tales como el interés y la motivación que se mantiene, el estado emocional y físico positivo, y el ambiente adecuado con pocos distractores.

Creatividad e Imaginación

Para el psicólogo, Papalia (2001), creatividad es aquella “Habilidad de ver las cosas bajo una nueva perspectiva e inventar luego soluciones nuevas, originales y eficaces”.

La creatividad es aquello que nos llena el cerebro de magia y nos permite plasmarla en acciones que nos hacen dueños de nuestros movimientos, y de las consecuencias de los mismos. Empleando esta capacidad, es que los jugadores pueden dar un giro a las situaciones de la partida, tal como lo recuerda la frase elaborada por James Mason, “Cada peón es potencialmente una reina”, la cual invita a reflexionar que son las mismas reglas del ajedrez, las que dan valor a la imaginación.

La imaginación creadora, surge cuando el ajedrecista debe imaginar posiciones distintas a las que ya existen en el tablero, y elaborar estrategias que le permitan alcanzarlas (hecho que ocurre, en cada movimiento). De esta premisa podemos deducir que el ajedrez estimula constantemente la capacidad de creatividad e imaginación. Además, trae consigo una positividad implícita.

El estilo personal de juego que cada uno de los ajedrecistas manifiesta, este sello distintivo, se ve reflejado especialmente en la capacidad de creación.

Análisis y Síntesis

Existe una interrelación entre ambas capacidades, ya que juegan un papel vital en el proceso del pensamiento ajedrecístico.

La capacidad de análisis, se refiere a que a partir de un todo, segmentamos y analizamos detalladamente las partes que lo conforman.

Por otro lado, la capacidad de síntesis, va en sentido inverso al análisis, ya que el inicio del proceso se da cuando se tienen identificadas las partes que conforman un todo, y al analizarlas se busca comprender el todo.

Durante la partida, los jugadores deben establecer relaciones o conexiones entre diversas estrategias para descubrir los componentes de cada una, analizar múltiples alternativas de respuestas, construir nuevos conocimientos y sintetizar la jugada idónea.

Razonamiento Lógico-Matemático

El razonamiento y el proceso de análisis empleados en el ajedrez son similares a los utilizados en las habilidades lógico – matemáticas. Siendo, el ajedrez considerado como una poderosa herramienta para resolver problemas complejos.

El sentido didáctico del Ajedrez, estimula el desarrollo de habilidades, procesos y operaciones del pensamiento, pudiendo considerársele de acuerdo a Blanco (1996), como alternativa a las matemáticas para el desarrollo las mismas.

Ajedrez y Habilidades de Inteligencia Emocional

Una reflexión sobre el perfil del jugador de ajedrez, pone en evidencia que las habilidades intelectuales, por sí solas, no garantizan el éxito en esta disciplina. Kelly (1985).
Este artículo, detalla las competencias socio-afectivas involucradas, las cuales se desarrollan con el entrenamiento continuo de este juego de mesa. Dando lugar al efecto de transferencia de estas competencias para otras áreas de la persona que práctica el deporte.

Habilidades Sociales

La socialización es la interacción entre dos o más personas. En el ajedrez, si bien es cierto, el deporte es uno a uno, intervienen otros agentes como el entrenador, y los distintos compañeros que buscan un objetivo en común.

Por lo expuesto, el manejar con éxito las emociones en estas relaciones sociales, hará que el jugador pueda interactuar positivamente con los demás, reforzando así la habilidad de trabajo en equipo.

Es importante tener en consideración, que al desarrollarse en un ambiente agradable y seguro, donde son las habilidades ajedrecísticas las que serán puestas a prueba, más no la persona, este deporte promueve el desarrollo de amistades en personas introvertidas.

Cabe mencionar, que en este deporte, se juega mente a mente, no importando la edad, nacionalidad, idioma, condición social, ni cualquier otra característica excluyente para iniciar una relación social.

Control Emocional

Aunque se trate de un juego de mesa, el Ajedrez desencadena una serie de emociones intensas entre sus participantes. Pudiendo ser, este deporte, la canalización perfecta para emociones negativas.

La impotencia y la frustración son emociones negativas que conllevan a la falta de control emocional, pudiendo ofuscar al jugador y haciendo que fracase en el juego.

Por lo señalado, es que a los ajedrecistas se les enseña a tener conciencia de estas emociones, y se les entrena para combatirlas.

En el ajedrez, se practican también las metas de ejecución, las cuales hacen que la persona se enfoque no solo en el resultado, sino en el presente, en metas de corto y mediano plazo.

En conclusión, el manejo de emociones ante una mala jugada propia, hará que el ajedrecista no se desestabilice y pueda disimular el error cometido, no haciéndolo más evidente para el oponente. Y viceversa, ante una mala jugada del contrincante, la autorregulación del ajedrecista, hará que le sea factible dominar la razón por encima de las emociones.

Sentido de Transparencia

El Ajedrez tiene una serie de reglas estrictas, y el incumplimiento de cualquiera de estas, es penalizado de acuerdo a las normas de esta disciplina. En este sentido, durante cada partida, los deportistas deben ser honestos con sus jugadas, y mantener la ética del juego.

Adaptabilidad

Durante el desarrollo de una partida se presentan múltiples situaciones inesperadas, y el ajedrecista debe enfrentarse a cada una de estas, aceptarlas y replantearse nuevas estrategias. Es esta capacidad de adaptabilidad, la que permitirá que se generen nuevas ideas y que el jugador continúe buscando lograr el éxito durante el juego.

Motivación al logro

En el Ajedrez, la principal meta es ganar la partida, para lo cual los jugadores desarrollan la predisposición de sobresalir superando las dificultades que se pudiesen presentar. Además, esta motivación desarrolla en ellos la capacidad de auto-exigencia y de perseverancia.

Autoestima

Cuando se juega ajedrez, es inevitable separar nuestras acciones de nuestra autoestima, ya que el concepto y el sentimiento de valía que tenemos de nosotros mismos, será el impulsor en cada decisión.

Así mismo, el sabernos victoriosos de alguna partida, fortalecerá nuestra autoestima y nos conducirá a querer más victorias, no sólo en el ámbito del tablero, sino también, en nuestra vida fuera de él.

Empatía

Es necesario considerar que hay presente un “Otro” que realiza jugadas al frente nuestro. Para comprender la estrategia del oponente y poder anticiparse a sus acciones, se debe emplear la capacidad de empatía, en donde hay que aprender a observar e interpretar la afectividad en una realidad ajena.

Resolución de problemas

La capacidad de resolver problemas, se refiere a la agilidad y eficacia para dar soluciones a problemas detectados.

Durante la partida, el ajedrecista se enfrentará a distintos problemas, para los que debe definir y aplicar una estrategia de solución. La solución de problemas involucra los siguientes pasos: Identificar y definir el problema, evaluar alternativas de solución y/o crearlas, analizar las consecuencias positivas y negativas de cada opción, elegir la más conveniente e implantarla en el tablero de juego.

Iniciativa

El factor tiempo y competencia son una amenaza permanente contra el ajedrecista, por lo que la predisposición a emprender acciones y la proactividad del jugador serán vitales para el éxito.

Toma de decisiones

Se conoce como toma de decisiones al proceso que consiste en realizar una elección entre distintas opciones.

Durante la partida de ajedrez permanentemente son planteadas situaciones que los jugadores deben resolver, desarrollándose en ellos el hábito de meditar, es aquí donde se presenta el diálogo interno y la determinación de los jugadores.

Responsabilidad y Aceptación de Reglas

En el ajedrez se requiere el cumplimiento de una serie de reglas, y al ser las propias acciones las que traen consigo las consecuencias, el jugador estará siendo entrenado para asumir la responsabilidad total de las mismas.

Para finalizar, adjunto el enlace de un cortometraje al estilo de Pixar que espero sea de su agrado:

Bibliografía

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lunes, 1 de febrero de 2016

Cómo reconocer a una persona envidiosa

persona envidiosa

Fue hace exactamente 2,000 años que el gran poeta romano Ovidio escribió el que tal vez  es su libro más emblemático: Las metamorfosis.  Es ésta una obra monumental que narra la historia del mundo hasta entonces conocido. En ella también se hace una alusión larga a la diosa Envidia (cabe aclarar que esta referencia es inspirada por su contraparte griega: Némesis), y queda hermanado desde entonces y para siempre este sentimiento con su complementario que son los celos (Ptono).

También para la creencia cristiana es importante la envidia –ya como sentimiento-, porque forma parte de Los 7 pecados capitales, es decir que es uno de los vicios en los que pueden caer las personas envidiosas. Es importante hacer notar que la palabra “capital” no hace referencia a la importancia de dichos pecados, sino que quiere decir que éstos son el origen del resto de los pecados humanos. Así pues, la envidia es la madre de muchos vicios más: los celos, la traición, la deshonestidad, la injusticia, etc.

Rastreando etimológicamente la palabra, podemos darnos cuenta que proviene del vocablo invidere que está compuesta por “in” que significa “poner sobre” así como de “videre” que quiere decir “mirar”. Por tanto, la envidia en esencia no es otra cosa más que “poner la mirada sobre algo”. Sin embargo no solamente se trata de posar la mirada en algo o en alguien, para que la envidia adquiera su significado coloquial es necesario que cumpla con su requisito más necesario: esa mirada sobre algo o alguien es, por lo regular, malintencionada, celosa y hostil.

Entonces, como puedes irte dando cuenta, la envidia forma parte de nuestro repertorio como personas, lo cual no es necesariamente algo “malo”; incluso algunos antropólogos sostienen que este sentimiento puede llegar a estar bien encaminado y ser positivo para la sociedad porque provoca una lucha contra el conformismo y hace que busquemos metas más altas a través de la imitación de los demás. Tomando como cierta esta idea significaría que todas las personas logramos superarnos en la vida a través de envidiar, particularmente como parte de una sociedad.

Sin embargo y a nivel individual, es más recurrente que cuando se siente envidia, ésta se quede en un estadio de pura amargura y mala sangre. Pero, ¿por qué una persona envidia? ¿Cuál es el mecanismo que provoca que alguien sienta malestar ante el bienestar y los triunfos –de cualquier tipo-, de otra gente?

Aspiraciones inalcanzadas de una persona envidiosa

Desde luego y por la misma complejidad de cada ser humano, hay múltiples factores que provocan la aparición de este sentimiento, pero en este artículo me limitaré a mencionar tres de los que considero más importantes.

En primer lugar, tal vez la característica más evidente de este sentimiento es la incesante aspiración de tener algo que no se posee. Y aquí puede entrar para la persona envidiosa la la justificación de la automotivación, ya que todos anhelamos un crecimiento y evolución en nuestras vidas, lo cual se logra aspirando a tener; sin embargo el asunto da un brusco cambio hacia la envidia cuando ese algo que no se posee es disfrutado por alguien más o le pertenece a otra persona.

Entonces, quien quiere poseer eso de lo que carece se frustra y obsesiona con la idea de adueñarse de ello. Pese a lo anterior es aquí en donde entra una paradoja, la cual es que para la persona envidiosa no es soportable el aceptar que se desea algo que otra persona tiene y él no, por tanto usa un mecanismo de defensa demeritando aquello que íntimamente desea.

Al hacer la denostación del objeto de deseo (persona, logro o cosa), no se da cuenta que en su afán de no parecer mezquino –en particular ante sus ojos-, logra exactamente eso. Y como esta actitud no le basta, entonces pasa al segundo punto.

Y tiene que ver con este deseo que te he mencionado anteriormente, aunque ya no como aspiración sino como hostilidad. Inmediatamente después de que la persona envidiosa desprecia aquello que íntimamente desea pero le asusta reconocer que así es, aparece la cancerosa idea de que quien sí dispone de ello lo pierda o, al menos, deje de disfrutarlo. Aquí es donde radica el considerado pecado de la envidia. Y ¿por qué? Porque cuando aparece este pensamiento, la persona envidiosa pasa a la acción.

Persona envidiosa

Al igual que el Yago shakesperiano cuyo potencial para generar intrigas se destapa cuando es despreciado en favor de Casio para el ascenso a teniente que deseaba, la persona envidiosa comienza a tejer una red de actitudes clara y abiertamente en contra del objeto de envidia. Empieza a murmurar, a correr rumores, a levantar falsos y a tratar de convencer a los demás que tiene la razón en lo que tanto defiende.

En la mayoría de las ocasiones estas actitudes toman la virulenta forma de ataques directos cuyo fin es perturbar la tranquilidad, felicidad o disfrute del objeto de su deseo inalcanzado. Si la persona atacada cae en el juego, el envidioso obtiene la sensación de triunfo que le hace sentirse mejor. Lo triste sin embargo, es que ésta es una victoria pírrica, porque como la envidia es similar a un saco sin fondo, mientras más placer momentáneo se obtenga entonces más querrá el envidioso, por lo que nunca se sacia y eso le hace permanecer en estado de sufrimiento permanente.

Complejo de inferioridad disfrazado de la persona envidiosa

Y es con respecto a lo anterior que toco el tercer punto. La frase atribuida a Napoleón Bonaparte acerca de que la envidia es una declaración implícita de inferioridad, es lo suficientemente acertada en este caso.

Y este complejo de inferioridad que florece en la persona envidiosa se siembra en la infancia. Cuando el niño empieza a tener las primeras relaciones sociales con su entorno –familia, amigos, escuela-, ocurre que a veces se siente amenazado con respecto a perder lo que tiene a manos de los demás, y si no logra enfocar adecuadamente este sentimiento de desprotección acerca de posesión, crece carente de la confianza necesaria para entender que todas las personas son poseedoras de aspectos positivos que otras no tienen lo cual es absolutamente normal y no encierra peligro alguno para él.

Si nadie le transmite o enseña la confianza que da el entendimiento de saber que ninguna persona es mejor que él por el hecho de poseer algo distinto, el niño comienza a sentir que no es lo suficientemente bueno para tener lo que el otro tiene o ser como el otro es, lo que le dispara la sensación de inferioridad y desamparo.

La manera en que reacciona entonces es disfrazando esa idea de inferioridad devastadora a través de diversos mecanismos como la competitividad descarnada, el enjuiciamiento de sí mismo, la inflexibilidad personal e interpersonal y, desde luego, la envidia. No es nada raro que las personas envidiosas tengan una idea grandiosa de sí mismas, llegando incluso a rebasar los límites de la empatía, la ética y la moralidad con el fin de mantener su frágil autoestima en puerto seguro o, al menos, conocido.

¿Qué hacer para lidiar cuando eres blanco de una persona envidiosa?

O –peor aún-, ¿qué hacer si eres tú el envidioso? Son preguntas de mucho interés. Antes que nada debes estar plenamente consciente de algo y es que no hay manera alguna de evitar ser envidiado. Hagas lo que hagas jamás podrás detener que ese sentimiento invada a algunas personas a tu alrededor. En ocasiones seremos partícipes de envidias “blancas” que surgieron en un momento y no se volverán a repetir, por lo que podemos seguir adelante con nuestra vida sin apenas mella. Pero la mayoría de las veces la envidia se mostrará en su parte más oscura.

Cuando esto ocurre –seas víctima o artífice-, es conveniente detectar el sentimiento apenas al aparecer y una de las mejores formas de hacerlo es observando si dicho comportamiento se repite. Esto nos permite darnos cuenta si hay que tomar una medida precautoria al respecto.

Tal vez la más sana de esas medidas es mostrar indiferencia ante la persona envidiosa y su actitud, sin embargo en ocasiones nos veremos obligados a mandar un mensaje claro y fuerte en respuesta del tipo “más vale que detengas tu envidia o tendrás que pagar consecuencias”.

Cualquier cosa que escojas debes de permanecer claro en algo: la envidia no se refiere a las carencias de la persona que es el blanco, sino que habla exclusivamente de las carencias del que envidia. Lo cierto es que una persona envidiosa no es capaz de ver en el otro más que lo que hay en sí mismo. Así que la próxima vez que alguien te muestre envidia o tú sientas envidia, recuerda que eso solamente dice cosas de su personalidad, no de tu personalidad.

Photo Credit: Antonio Guillem

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domingo, 31 de enero de 2016

Cómo saber si tienes mal de ojo

como quitar el mal de ojo portada

No deja de sorprenderme la cantidad de personas que se preguntan  cómo saber si tienes mal de ojo.

Voy a tratar de responder, de una manera constructiva, a esta cuestión y poder ayudar a todas las personas que están preocupadas por si le han echado mal de ojo.

¿Pero qué es el mal de ojo?

Para saber de qué estamos hablando, vamos a tirar de Wikipedia:

El mal de ojo, es una creencia popular supersticiosa según la cual una persona tiene la capacidad de producir mal a otra persona sólo con mirarla. De esta persona afectada se dice que “está ojeada, o que le echaron mal de ojo, o el ojo encima”

Digamos que, cuando a una persona le echan mal de ojo, las cosas empiezan a irle mal. Tiene mala suerte, sufre enfermedades, …

¿El mal de ojo existe?

Yo soy poco de creencias irracionales y me encanta el método científico, por lo que, de entrada, la respuesta que me viene a la mente a esta pregunta en evidente:

El mal de ojo es una tontería y una superstición sin sentido.

Pero, por otro lado, he aprendido a no despreciar las creencias de la gente sólo porque no las comprenda.

Tengo que deciros que hace tiempo que investigue sobre algo bastante parecido: curanderos y curaciones milagrosas. Y las conclusiones científicas a las que llegue son igual de válidas para el mal de ojo.

Por no ponerme muy pesado, os tengo que hacer dos revelaciones, una buena y otra mala:

  • El mal de ojo existe
  • Sé cómo quitar el mal de ojo y te voy a enseñar a hacerlo

Aunque voy a explicar estas dos afirmaciones de una manera científica, por si tienes poco o no te apetece leer el artículo entero, voy a responder a la pregunta cómo saber si tienes mal de ojo.

Si piensas que te lo han echado mal de ojo, te aseguro que tienes mal de ojo

Si quieres que te explique cómo te lo puedes quitar, vas a tener que leerte el artículo entero (no me veo capaz de resumirlo en una frase comprensible).

Si crees en el mal de ojo, pueden echartelo.

Aunque tengo la seguridad de que el mal de ojo existe, esta maldición no tiene nada que ver con la envidia ni con alguien con poderes que te haya mirado mal.

Los seres humanos no tenemos poderes mágicos ni la capacidad mágica de inducir el mal (ni el bien a nadie)

Pero lo que si tenemos todas las personas es la capacidad de sugestionarnos. El hecho de creer algo puede producir cambios tanto a nivel físicos como psicológicos. Un buen ejemplo de esto son los medicamentos placebo.

Tenemos miles de estudios que demuestran que el simple hecho de saber que te estás tomando una medicación para solucionar un problema puede producir mejoras en la salud, aunque esa sustancia no tenga ningún principio activo.

Os sorprendería saber el porcentaje de medicamentos recetados por la seguridad que son placebos. Y no es que nos engañen, es que realmente nos ayudan a mejorar la salud.

Y al igual que un medicamento placebo te puede curar, una “maldición placebo” te puede hacer daño.

Nadie nos puede echar mal de ojo, pero si podemos sufrirlo si creemos en el

De igual forma, si crees que puedes tener mal de ojo, también es posible que te lo puedan quitar. Aquí es donde entran en juego caraduras, personas que se creen con poderes y una mezcla de tradiciones variopintas. Para quitar el mal de ojo sirven multitud de rituales. Os pongo algunos de los que he encontrado por internet:

  • Remedio del aceite, el agua y la tijera
  • Plantar nueve semillas de ciruela
  • Colgar ajo en casa a modo a muleto

Y parece ser que también es recomendable utilizar oraciones del tipo:

Con un ojo te han mirado

con dos ojos te han ojeado

con tres ojos te han curado.

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Más información

¿En serio?

Pues sí, así es el mundo del mal de ojo.

Dado que sufrirlo es fruto de tus creencias y tu sugestión, curarlo también tiene que ver con creencias y sugestión. Y cualquier ritual, por absurdo que parezca, si crees en él, sirve para quitar el mal de ojo.

Como quitar el mal de ojo

En esta última parte del post voy a enseñarte a quitarte el mal de ojo. Sin usar oraciones ni magias refritas.

Paso 1: Interioriza que el mal de ojo no existe

Repítelo mil veces. Escríbelo con letras bonitas. Cuéntaselo a todas las personas que conoces.que te mire un tuerto

Cuantas más veces te digas a ti mismo que el mal de ojo no existe, más te creerás.

Paso 2:  Busca explicaciones lógicas a lo que te sucede.

Personalmente soy fiel creyente en el modelo científico y en la navaja de Ockham. La ciencia y la experiencia nos demuestran que la navaja de ockham
explicación más sencilla suele ser la más acertada.

Y la explicación “porque me han echado mal de ojo”, te aseguro que nunca es la más sencilla.

Paso 3: Acepta que la vida a veces se vuelve desagradable.

Las malas rachas existen (al igual que las buenas). Que dos cosas sucedan en el mismo espacio y tiempo no quieren decir que tengan relación ninguna.

piratas pastafarismoTe pongo un gran ejemplo del pastafarismo, el cual profeso.

El aumento de temperatura del planeta (calentamiento global) se produce por la disminución de piratas caribeños.

Como podéis ver en el gráfico, la disminución del número de piratas correlaciona directamente con el aumento de la temperatura del planeta.

Cualquier persona cabal observa lo absurdo de esta teoría. Y es que el hecho de que dos cosas sucedan en el mismo tiempo y espacio no quiere decir que tengan nada que ver.

Que en la misma semana te salga un orzuelo, pierdas 50 euros, tu marido se resfrié y te hagas un esguince de tobillo no quiere decir que estos fenómenos tengan nada que ver entre ellos o que te “haya mirado un tuerto”.

Paso 4: Afronta tus problemas sin buscar soluciones mágicas.

mal de ojoEn el fondo estaría genial que la solución a tus problemas fuera que te han echado mal de ojo y que alguien te lo quite. En ese caso, tú no tienes ninguna responsabilidad sobre lo que te pasa y ninguna responsabilidad en solucionarlo.

Pero te aseguro que la vida va mejor cuando cada uno de nosotros asumimos nuestra realidad y nuestras responsabilidades.

Cuando tengas problemas, no te conformes con echarle la culpa a otro (me han echado mal de ojo) y asume tu responsabilidad. Busca soluciones, acepta las cosas malas que te pasen y se escapan a tu control y asume las riendas de tu vida. Te aseguro que te irá mucho mejor.

Propina: La solución psicomágica

Si después de leer hasta aquí (muchas gracias), sigues pensando que lo mejor es un ritual para quitarte el mal del ojo, ve a la sección realizar consulta y pídeme una cita.

Te ayudaré a crear un ritual que te servirá para quitarte el mal de ojo. Será un ritual diseñado para ti y que te aseguro 100% que funcionará.

Pero no será fruto de que tengo poderes ni de que tenga un don regalado por la virgen de Fátima. Funcionará porque desde la psicología comprenderé tu situación y crearé un rito que te curé (cómo cura un medicamento placebo que realiza un farmacéutico).

Espero que después de leer este artículo tengas la respuesta a cómo saber si tienes mal de ojo y cómo quitarlo

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viernes, 29 de enero de 2016

El consumo de drogas en la adolescencia

consumo de drogas

El consumo de drogas entre los adolescentes se ha disparado en los últimos años. Entre las drogas más consumidas, está el alcohol, tabaco, marihuana y cocaína. El tabaco es la substancia más utilizada en la mayoría de la población adolescente, seguido del alcohol.

Respecto a esto, la forma de consumo, el lugar del consumo y las circunstancias son las que determinan los riesgos que conlleva. El abuso de las drogas empieza por un acercamiento a un consumo lúdico, después vendrá la adicción o un consumo habitual y finalmente la dependencia.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD) estima que unos 205 millones de personas consumen algún tipo de sustancia ilícita, la más común es el cannabis, la cocaína y los opioides. La media del consumo de tóxicos de jóvenes europeos se sitúa en un 2,7% mientras que en España esta tasa se encuentra en un 3,7% y una de cada 5 personas entre 15 y 34 años dicen haber tomado cannabis en el último año.

La utilización de sustancias ilícitas es más común entre los hombres que entre las mujeres, mucho más aún que el hábito de fumar cigarrillos y el consumo de alcohol. La edad en la que los jóvenes comienzan a consumir alcohol se da entre los 12-13 años aproximadamente, donde se generan salidas nocturnas y donde sus grupos de iguales consumen alcohol, y éste por ser aceptado también se hace consumidor.

Primero se comienza por pequeñas substancias que van desde el tabaco al alcohol, para pasar a otras más potentes y adictivas. Hay que tener en cuenta que son diferentes factores que pueden llegar a conducir a los adolescentes al consumo de estas substancias, ya sean factores de tipo social-demográfico, psicológico, personal o familiar o simplemente la curiosidad por experimentar algo nuevo.

A todo esto, le tenemos que añadir una mayor influencia de factores de riesgo con relación al desarrollo en el proceso evolutivo del adolescente, así como sus rasgos de personalidad o su temperamento individual y factores familiares, donde se suele hablar que el consumo de tabaco o alcohol, entre otras drogas, proviene del entorno social y núcleo familiar en el que se desarrolla el adolescente.

Entre estos factores familiares estaría que los padres rechacen a sus hijos, el exceso o poco control por parte de los padres, los divorcios conflictivos y el ambiente de familias desestructuradas con antecedentes de consumo de drogas, detonante para que el adolescente tenga una baja autoestima y un bajo rendimiento escolar.

A esto hay que sumar también a la poca o nula motivación por las tareas escolares, produciéndose un abandono escolar. Todo esto conduce a que los adolescentes se acerquen más al consumo de substancias como una salida a sus problemas emocionales, afectivos y comportamentales.

Factores que influyen en el consumo de drogas

Cuando hablamos de este tipo de factores que influyen en la toma de substancias, decimos que por un lado se encuentra el factor de tipo social-demográfico.

Como bien sabemos, es muy importante el entorno demográfico, es decir, dónde resida el adolescente, ya que todo ello, genera unas circunstancias que pueden influir en el consumo de tóxicos.

Los adolescentes que provienen de barrios marginales, donde su pan de cada día es tener continuamente drogas a su alcance, o ver cómo otra gente consume y sin ir mas lejos, quizás hasta su propio entorno familiar, grupo de amigos o compañeros de la escuela, esto hace que vean las drogas como una cosa normal porque lo han vivido desde pequeños.

Los niños son como esponjas, todo lo absorben, tanto lo bueno como lo malo, así como también tienden a la imitación, siendo la figura del adulto el patrón o guía de sus conductas y formas de interactuar con el medio en el que se desarrollan. Un niño criado en un barrio marginal, tiende a tener unas tasas más elevadas de consumo ya que absorben todo lo que hay en su entorno, por lo tanto el riesgo aumenta.

Si a esto le añadimos que su escuela y como consecuente sus relaciones entre iguales también se desarrollan en ese espacio,  veremos cómo hay un alto riesgo de caer o de empezar a probar substancias desde el alcohol, desde las primeras caladas de un cigarrillo a pasar a los porros y así va incrementándose la adicción, hasta llegar a drogas de más alto contenido de peligrosidad. En este caso hablamos de marihuana y cocaína siendo las más utilizadas seguidamente del crack, éxtasis o heroína.

consumo de drogas

Pero también la población que está en riesgo serían colectivos de clase social-alta. Aquí hablamos de adolescentes que por su estatus económico quieren experimentar nuevas cosas, nuevas experiencias y nuevas sensaciones. Para ellos el NO, no esta permitido y la droga fluye en estos entornos donde el dinero lo puede todo.

En este caso los padres tendrían mucho que ver en la educación de sus hijos, ya que hablamos de un tipo de padre que es permisivo, consintiendo todo desde bien pequeños, y esto ha hecho malcriarlos, y en muchos casos cada niño percibe una paga semanal o mensual para sus propios gastos, donde ellos son los administradores de su dinero, así los padres lo que están consiguiendo es que las propias drogas puedan ser compradas o adquiridas fácilmente con unos cuantos euros.

Si hablamos de la figura de los padres, tanto en un caso como en otro, tendremos un denominador común: el descuido o desatención por parte de éstos en la educación e implicación con sus respectivos hijos, y como consecuente, hace que sus elecciones estén en manos de este grupo de adolescentes en proceso de maduración, por eso la edad, el sexo y el nivel sociocultural es muy influyente a estas etapas con el consumo de tóxicos.

Ahora bien, tampoco se salvan los que proceden de clase media, aunque si bien es cierto todo depende de la educación que se les haya dado y de las compañías que rodeen a estos jóvenes, así como su sexo (no es lo mismo ser un chico que una chica), respecto a la percepción de riesgo diferenciada entre ambos sexos, existe la coincidencia que ellas son más conscientes de los riesgos de un consumo abusivo y son menos tendentes a asumirlos así como más prudentes, en cambio ellos, asumen ese riesgo y tienden a ser más lanzados y impulsivos.

Si pasamos al punto de vista educativo y psicológico, en una familia con carácter autoritario, donde los padres ejercen un control férreo sobre sus hijos y además lo hacen mediante la afirmación y poder (“esto se hace así porque yo lo digo”) y donde la comunicación es escasa, en general ejercen una alta presión sobre los mismos para que asuman responsabilidades. Además no suelen expresar abiertamente afecto hacia sus hijos. Estos padres suelen criar a niños obedientes, pero también dependientes, culpables, deprimidos y poco alegres o espontáneos.

Así, como la autoestima suele ser baja, son vulnerables a la tensión y fácilmente irritables, en este caso también precipita a que sus hijos tengan una mayor influencia respecto consumir drogas ya que a nivel psicológico tienen deficiencias de afecto y autoestima y por lo tanto, tienen una mayor vulnerabilidad a caer en el consumo de estupefacientes por presentar unos patrones de conducta y un estilo educativo un tanto inflexible y con bastantes carencias afectivo-emocionales y educacionales.

Estilo permisivo

Por otro lado en un estilo permisivo, el control que ejercen los padres sobre los hijos es escaso, donde la comunicación a veces es buena y otras excesiva, tratan a los hijos como iguales haciéndoles cómplices de confesiones que no se adecuan para su edad. Además, suelen ser demasiado afectuosos y no plantean a sus hijos tareas acordes a su edad de las que pueden ir asumiendo la responsabilidad, al igual que no plantean límites.

Si nos vamos al perfil psicológico de estos niños, suelen tener problemas para las interacciones sociales, puesto que no cumplen normas de comportamiento y son poco persistentes y descontrolados y sobretodo tienen muchas dificultades de autocontrol para asumir responsabilidades, así como una moral baja.

Si bien es cierto, suelen ser mas alegres que los criados en un ambiente autoritario pero a la larga la falta de control genera una baja autoestima y cuando crecen se convierten en adolescentes conflictivos que transgreden las normas sociales y por lo tanto buscan nuevas experiencias, esto hace que sean propensos a experimentar con drogas potentes, ya que les gusta probar o experimentar límites apartados de las normas sociales preestablecidas.

Estilo negligente

También encontramos el estilo negligente, los padres tienen una baja exigencia y sobretodo en la abdicación de las responsabilidades familiares y educativas, donde tienden a desatender a los hijos. Además también muestran una falta de sensibilidad y se implican muy poco en la educación de los hijos.

Respecto al perfil psicológico del adolescente, teniendo en cuenta cómo son sus progenitores, éstos muestran un escaso sentido del esfuerzo personal y de lucha y como resultado en la escuela obtienen pocos logros, ya que desarrollan un auto-concepto negativo así como pocas muestras de auto-confianza hacia los demás.

Este tipo de perfil tiende a tener una mayor predisposición a padecer trastornos psicológicos y desviaciones de conducta que le inciden a ser más propenso en adentrarse el consumo de ciertas sustancias por tal de suplir sus problemas emocionales-conductuales y carencias afectivas.

Estilo democrático

Por último, encontramos dentro del entorno educacional entre padres-hijos el estilo democrático. Suelen ser padres con un elevado control, pero flexibles, dando explicaciones a sus hijos acordes con su edad, además son padres afectuosos y piden a sus hijos el hecho de asumir responsabilidades.

La comunicación familiar es buena y estamos delante de padres preocupados que ayudan a sus hijos en la toma de responsabilidades. Si vamos al perfil psicológico, son niños con buenos niveles de autocontrol y autoestima, competentes socialmente, capaces de persistir en tareas, además de ser niños independientes pero cariñosos y con una moralidad propia de la edad.

Suelen ser muy pocos o escasos los que suelen caer en el consumo de substancias, aunque no se descartan, pero sí hay menos probabilidades ya que han sido educados en un entorno no propicio para el consumo de drogas. Suelen escoger a amigos o grupos de iguales similares a ellos, donde no se dejan influenciar por los demás y tienen un perfil bastante bien definido con unos objetivos enriquecedores y suelen apartarse de personas que pueden resultarles un tanto perjudiciales o poco indicadas para el estilo al que están acostumbrados.

Síntomas de alarma y problematización por el consumo
 de drogas

Así pues, consumir drogas en edades tempranas hace incrementar los niveles de dependencia y como tal se derivan problemas de drogadicción; la cuestión es: ¿Cómo se genera el problema de adicción y qué síntomas de alarma nos hacen sospechar?

En primer lugar decir que todo consumo consiste en un grupo de síntomas fisiológicos, psicológicos y comportamentales que comportan la dependencia a dicha sustancia, entre ellos encontramos trastornos fisiológicos y psicológicos como convulsiones, cambio del ritmo cardíaco, deterioro del sistema nervioso central y entre los trastornos psicológicos (alucinaciones, tendencias paranoicas, depresión, neurosis, etc); así como también deterioro y debilitamiento de la voluntad.

Consumo de drogas

También encontramos consecuencias de tipo social: puede ser partícipe de agresiones o conflictos violentos por la pérdida de asertividad y donde se puede llegar a delinquir o cometer actos violentos como robos e incluso asesinatos.

Deterioro en las relaciones personales: la persona no es capaz de mantener su estabilidad ni vínculos saludables con sus seres queridos, en ocasiones roba y hace lo posible por conseguir droga e incluso a través del engaño, lo cual hace que su confianza se vea resentida por las personas de su alrededor, así como sus relaciones de tipo social-afectivo se vean debilitadas.

También se produce bajo rendimiento en la escuela: es capaz de abandonar metas y objetivos recurriendo a la droga cómo su salvación; además se ve resentida la economía donde todo lo que tiene lo suele vender por conseguir el objetivo de consumir droga.

Cuando algunos de estos factores intervienen es cuando debemos pedir ayuda psicológica, ya que el proceso de abandono requiere de diferentes pasos.

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