lunes, 11 de mayo de 2020

Las 15 mejores películas para llorar (con sus trailers)

En este listado de las mejores películas para llorar, te daremos nuestras recomendaciones en las áreas que le echan más sal a la herida. Encontrarás de todo, desde pelis románticas que exponen el lado más doloroso del amor, hasta películas clásicas que te dejarán con el corazón en la mano por la crudeza de la vida y las vueltas del destino.

Si sientes que hace tiempo necesitas soltar esas emociones que afloran en ti, esta es la ocasión perfecta, elige una de las mejores películas para llorar y desata el nudo que tienes en la garganta. Si no es suficiente, puedes repetir la dosis, acá tendrás un amplio abanico de opciones que sin duda le darán un giro a tus emociones.

Las mejores películas para llorar de todos los tiempos

Películas para llorar

Como te contábamos anteriormente, aquí encontrarás diversas categorías de acuerdo a las emociones que deseas explorar. Todas son una excelente alternativa para darle rienda suelta a tu sensibilidad.

Películas infantiles para llorar

Intensamente

Intensamente es una de esas películas creadas para niños que todo adulto puede ver. Un viaje fantástico por el mundo de nuestras emociones y cómo condicionan nuestro actuar en el mundo. Esta película es absolutamente conmovedora y estoy segura de que tu niño interior llorará a mares.

Coco

Coco es una de esas películas que nos conectan con nuestra memoria, con nuestros ancestros, con el papel protagónico de la muerte en nuestra vida, y con todo aquello que nos puede enseñar para nuestra experiencia vital. Una película divertida, tierna y muy, muy, muy conmovedora.

Up: Una aventura de altura 

Esta película tiene lágrimas de principio a fin. Una historia de amor apasionante entre dos niños, el matrimonio, la construcción de la vida en pareja, la pérdida del amor y luego la búsqueda de un sueño por parte de un anciano y un niño que nos demuestran el valor de la amistad en medio de una aventura única que se robará tu corazón.

Tierra de osos

Tierra de osos o Hermano oso es una hermosa película de Disney que nos pone frente a la magia, la sabiduría ancestral y nuestra relación con la naturaleza. Esta bella película nos da hermosas lecciones sobre el perdón, el amor, el compañerismo y la lealtad. Sin duda alguna no podrás aguantar el nudo en la garganta en más de una ocasión.

Buscando a Nemo

Cuando vemos Buscando a Nemo pasamos de la risa al llanto en cuestión de minutos. Esta película te hará pasar un rato fabuloso en familia. Además podrás reflexionar en torno al amor entre padres e hijos y podrás ver en la pantalla como el amor puede enfrentarse a todo y cruzar océanos con tal de encontrarnos con esos seres que hacen parte de nuestro corazón.

Películas familiares que te harán llorar 

Siempre a tu lado

Creo que esta es una de las mejores películas para llorar sin importar si eres grande o chico. La razón de que cualquiera se pueda conectar con esta hermosa peli, es sencilla y contundente, habla del amor que sentimos por nuestras mascotas y como este puede llevar los límites de la lealtad al punto más alto. Por si fuera poco, esta maravillosa obra de arte también pertenece a la categoría de películas basadas en hechos reales.

La vida es bella

Cuando vemos una película como La vida es bella nos queda un sabor agridulce en el corazón. Esta bella película ambientada en tiempos de guerra, vuelve y nos eleva el amor al punto de la familia como eje vital de la felicidad. Si quieres sacar todos esas emociones que tenemos dentro, esta sin duda alguna, es una de las mejores películas para llorar.

Un monstruo viene a verme

Esta película nos pone frente a una de las problemáticas más intensas de la vida de un niño, el abuso escolar. Esta hermosa historia es una de las películas sobre el bullying que todos los niños, adolescentes y padres deben ver. Aquí la fantasía cumple un papel protagónico para mostrarnos como nuestra imaginación puede llevarnos a sacar todo el potencial que llevamos dentro.

Historia de un matrimonio

En 2019 vio la luz este drama que muestra la parte más dolorosa de una relación de pareja. Acá la vida en pareja se expone de un modo tan crudo que logra mover todas las emociones de aquellos que saben lo que es compartir con su ser amado, caer en la rutina y enfrentarse a un proceso de divorcio donde todo se desmorona.

Lo imposible

Esta película hará que ames mucho más a tu familia. Es un drama súper bien hecho en el que una familia se va de vacaciones y se encuentran con un tsunami que destroza el hotel en el que están. Su reto y aventura mayor será reencontrarse como familia, lo que te llenará de tensión y lágrimas.

Películas románticas con las que no pararás de llorar 

Yo antes de ti

Esta película nos muestra la fuerza del amor en todo su esplendor, y cómo la atención, la entrega y el romanticismo pueden salvarnos de esas noches oscuras que se instalan en nuestra alma. Esta es una de las mejores películas para llorar y estoy segura de que después de verla tendrás un conflicto sobre lo que es y no es el amor.

Diario de una pasión

Con Diario de una pasión llorarás lo que no está escrito. Esta es una de esas películas románticas que llegan y te sacuden el corazón de un modo increíble porque nos muestran el lado más bello del amor, de ese amor con el que todos soñamos, de ese amor que puede romper todas las barreras.

Un ángel enamorado

¿Consideras que el amor es algo divino? Pues en esta película verás un amor bajado del cielo literalmente en el que un ángel se enamora de una mujer y lo deja todo por seguir el amor, un amor que trasciende las barreras físicas y es capaz de conectarnos con nuestra esencia divina.

Posdata Te Amo

Esta película nos habla de cómo continuar la vida después de perder el amor. Esta romántica historia sobre una viuda que después de perder a su amor empieza a recibir mensajes de él que la ayudarán a reconstruirse a sí misma para continuar con su vida, te sacará todas las lágrimas que tienes guardadas en el interior.

Cuestión de tiempo

Esta película sería la definición perfecta de que todo sucede a tiempo divino, y mientras debemos vivir nuestra vida tal y como se presente. Así tengas una máquina del tiempo nunca podrás desligarte de los problemas de la vida diaria y sabrás que con amor todo se podrá solucionar.

Aunque suene muy paradójico, espero que disfrutes al máximo las mejores películas para llorar, recuerda que a veces es importante darle rienda suelta a nuestra emotividad para sanar cosas que ni sabíamos que teníamos adentro.



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jueves, 7 de mayo de 2020

La curva emocional del Coronavirus

Curva emocional

En España, parece que hemos llegado y pasado el pico de la curva o punto máximo de contagio del COVID-19. Incluso podemos contemplar ya la bajada en el número de nuevos infectados y muertos, y los hospitales, con su personal exhausto, experimentan un leve respiro.

Sin embargo, emocionalmente estamos todavía en los últimos metros de subida que son los más difíciles, los más cansados y los más lentos.

Además, en contraste con los datos relacionados con el contagio del virus, no está claro si hay un pico en el coste psicológico, cuánto durará éste y si después habrá bajada.

Es más, se habla ya de una segunda ola en la salud mental, la que vendrá después, no sólo por lo vivido ahora sino también por lo que tendremos que afrontar a medio y largo plazo. En el presente, nos encontramos cada vez más desganados, menos motivados, más tristes, más ansiosos, incluso menos enfadados. La sensación es de estar abatidos.

Entendiendo la situación: características y dinámicas con impacto emocional

Como ocurre con la propia crisis, hay que tener en cuenta que su impacto emocional es también multidimensional. La situación que estamos atravesando tiene ciertas características y crea unas dinámicas, que para las personas – incluso las más adaptadas y funcionales – son especialmente complicadas de gestionar psicológicamente y conllevan gran riesgo de malestar y sintomatología ansioso-depresiva.

Como se ha descrito en el anterior articulo (Cómo gestionar psicológicamente el coronavirus) esta crisis tiene unas características que le hacen especialmente potente en su repercusión psicológica, porque suponen una falta de control:

  • El miedo por nuestra salud física y sobre todo a la muerte.
  • La existencia de duda permanente sobre qué es lo correcto y qué es lo que uno debería estar o no haciendo, y sobre lo que está pasando.
  • El hecho que los que son nuestra mayor amenaza son todos los demás humanos, incluidos nuestros más allegados.
  • El aislamiento social que se produce a consecuencia de lo anterior.
  • El estar forzados de vivir sin futuro previsible y tener a todos nuestros planes en suspensión.

El control percibido sobre nuestras vidas es el pilar fundamental de nuestra salud mental y sentir que no lo tenemos pone en peligro dicha salud.

Teniendo estas características, la crisis del COVID-19, ha creado adicionalmente ciertas dinámicas que también sabemos que ponen a prueba los recursos psicológicos. Como esta circunstancia no se ha dado en el mundo occidental de esta forma anteriormente, la estamos comparando con experiencias similares. Así que las analogías que han surgido han sido con una guerra, un duelo, o un evento traumático.

La presente situación se parece a una guerra en que hay un “enemigo” que es el virus; que este te puede matar; que nuestra libertad de movimiento se ve quebrada y la vida diaria alterada; que hay una primera línea de “combate”, la que libra el personal sanitario en los hospitales, y un soporte de “inteligencia” organizada que les apoya y dirige, en este caso la investigación. Adicionalmente, hay daños colaterales importantes en términos sociales como la falta de escolarización, el cese de negocios y mercados, y el paro.

Los efectos psicológicos de guerra, suelen ser los asociados con un estrés grave. Miedo o ansiedad, impotencia e indefensión aprendida o depresión, y apatía son algunos de los síntomas más habituales entre las personas que se ven expuestas a una situación de guerra. Muchos han notado este tipo de sentimientos desde que empezó la crisis del coronavirus.

Por otro lado, la crisis desatada por la propagación del virus ha supuesto pérdidas importantes, con su consecuente duelo: de la libertad de movimiento, de la rutina diaria, de los planes futuros, del contacto físico con otras personas, de la vida social. En muchos casos ha supuesto la muerte de alguien cercano o la perdida de trabajo.

Así que también hemos visto la reacción emocional a estas pérdidas, en línea con la teoría de las etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.  En el principio de la crisis y mientras se iba acercando, nos negábamos a creer que algo similar podría pasar aquí.

Cuando nos encontramos, casi de repente, inmersos en un balance diario de miles de contagiados y enfermos, y centenares de muertos, la ira se apoderó de nosotros, dirigida a quien nos daba una razón cualquiera. La negociación vino después y planteamientos del tipo “si hubieran hecho esto” o “si solo hiciesen aquello” o “yo solo espero que” fueron la temática diaria.

Cuando nos dimos cuenta de las proporciones reales de la circunstancia con familiares, amigos, y conocidos enfermando y muriendo, o quedándose sin trabajo, sobrevino la depresión. Ésta se vio intensificada, y es el momento en que muchos todavía se encuentran, cuando la perspectiva de cualquier vuelta a la normalidad se alejaba más y más en el futuro.

La sensación de cansancio, la tristeza, la falta de esperanza y motivación, incluso la desesperación, están presentes en el día a día de muchas personas.

Sin embargo, algunos ya han movido o se están moviendo hacia la aceptación, asumiendo que esto es “lo que hay” y que, dentro de este marco, se tienen que tomar las decisiones, organizarse la vida y adaptarse.

La situación que tenemos ahora se podría entender también como una experiencia traumática, ya que según la OMS “el trauma ocurre cuando: la persona ha estado expuesta a un acontecimiento estresante o situación (tanto breve como prolongada) de naturaleza excepcionalmente amenazadora o catastrófica, que podría causar un profundo disconfort en casi todo el mundo”.

Otras características de una experiencia traumática son que ocurre de pronto, inesperadamente o fuera de toda norma; excede la capacidad que percibe el individuo para poder manejar la amenaza; y perturba los marcos de referencia del individuo que le sirven para entender y manejarse en el mundo.

Sin duda la crisis desatada por el COVID-19 cumple los criterios para una experiencia traumática. Cada persona sometida a una amenaza así reacciona de manera diferente y la gran mayoría no desarrolla un trastorno psicológico como tal, pero gran parte de las personas expuestas a un evento de estas características tiene como respuesta un temor intenso, impotencia u horror ante la situación.

En resumen, estamos viviendo actualmente circunstancias que ocurren en una guerra, un duelo o en una experiencia traumática. Aunque los estresores psicosociales no se suman necesariamente para producir un impacto emocional y las personas no reaccionamos a ellos así, nos hacemos una idea de las varias dimensiones que tiene esta crisis y la manera compleja en la que nos afecta.

Siendo esto así para la población en general, para los que se están enfermando del virus, se les añade otra vertiente con sus correspondientes emociones: el miedo más profundo de si se van a recuperar, la ansiedad que produce la falta de información concreta, y la duda permanente sobre cómo se debe actuar y cuándo.

Para los enfermos que han requerido hospitalización el trance emocional es aún más intenso y para sus familias el coste emocional del aislamiento del paciente y de la falta de información sobre su estado, ha sido muy alto.

Por último, los que han perdido a un ser querido, han tenido una experiencia que se añade a todo lo anterior. Aunque el duelo es parte de nuestra experiencia humana, la muerte de personas por coronavirus junta una serie de circunstancias que han demostrado ser factores de riesgo para un duelo complicado.

En la CIE -11 de la OMS, el duelo complicado se llama Trastorno del Duelo Prolongado y se caracteriza por sintomatología que excede lo que es un duelo normal y que además impide el funcionamiento normal de la persona. Es de interés que los factores de riesgo para sufrir este trastorno incluyen una muerte brusca e inesperada, la inhabilidad de entender la perdida, la carencia de información y apoyo institucional, y el aislamiento social. Todas estas circunstancias se pueden dar en las muertes por coronavirus.

La curva del estado emocional

Fase inicial

Los humanos cuando dudamos en cómo entender o interpretar una situación, buscamos señales en los demás para que nos ayuden a decidir. Es un fenómeno ampliamente estudiado en psicología social, y sabemos que cuando más ambigua la situación y menos conocimiento tiene la persona sobre ella, más gira hacia los demás para saber cómo actuar.

La situación que estamos viviendo cumple estos dos criterios: es cambiante y ambigua y nos resulta desconocida. Así que la tendencia es de mirarse los unos a los otros inconscientemente, buscando una manera adecuada de interpretar nuestra realidad y llegamos a tener el fenómeno del contagio emocional. En este caso ha producido sentimientos y conductas extendidas en la sociedad.

En un principio, muchos atacaron los supermercados para hacer provisiones ante el miedo de lo que podría venir, contra cualquier lógica o política anunciada, imitando lo que hacían los demás “por si acaso”. A la vez empezaron a circular teorías sobre cómo se podía, o no, contagiar el virus y no había otro tema de conversación que los datos ofrecidos sobre la expansión de este.

En un segundo momento se tenía a los niños dibujando soles y “todo Irá bien”, otra vez para apaciguar miedos, se mandaban a ritmos exagerados memes graciosos y se llegó a contactar con gente que hacía tiempo que no se conectaba, teniendo ya un punto en común y tema de conversación universal.

La gente se reconfortaba intercambiando información, compartiendo historias y dándose consejos. Se entró en un frenesí de levantar ánimos, intentar seguir adelante, y buscar el punto positivo de la epidemia y el consecuente confinamiento.

En este ambiente, también surgió la convicción que el tiempo de confinamiento era un tiempo de “aprovechar”, un tiempo en que se iban a terminar todos los proyectos pendientes, pasar tiempo de calidad con la familia y hacer todo el ejercicio que no se había hecho antes.

Mientras tanto, se acordó implícitamente en casi toda la sociedad que los que más impacto recibían y de los que dependíamos todos, era el personal sanitario y se organizaron grandes gestos de apoyo y agradecimiento como el aplauso solidario en los balcones o los conciertos internacionales en streaming.

Contrastó con el sentimiento anterior, el rechazo furioso a los gobiernos y sus gestiones, con artículos incendiarios, intentos de llamar a la resistencia contra las medidas oficiales, potenciado todo otra vez por el miedo, la impotencia y la rabia creada por la propia situación.

En esta primera fase, la complicación psicológica añadida vino además por la fácil propagación a través de Internet de bulos sobre toda la temática relacionada: los números de enfermos y muertos, nuevos descubrimientos científicos, planes ocultos de los gobiernos y conspiraciones internacionales.

El resultado ha sido agotador emocionalmente ya que, agarrarse por miedo o desconocimiento a narrativas tan contagiosas como el virus, intensificaron el malestar produciendo más miedo, más desesperación, más ira, y más ansiedad.

Fase actual

Entrando en el tercer mes de tener a esta pandemia en nuestras vidas, el estado emocional de la mayoría de la población ha cambiado. Muchos han enfermado o lo ha hecho algún allegado, otros han perdido a un ser querido a causa del virus y todos conocen a alguien que se ha visto afectado de una manera u otra.

Asimismo, son varias ya las semanas de confinamiento – en España uno de los más estrictos del mundo – y de distanciamiento social de familiares y amigos, con todo que esto conlleva para el ser humano.

El nivel de miedo ante la enfermedad y la muerte, en general, está bajando de manera importante. En la medida que se va profundizando en el conocimiento sobre cómo se comporta el virus y la eficacia de unas medidas básicas, se recupera cierta sensación de control – hay ciertas cosas que se pueden hacer para protegernos – y como consecuencia se ha reducido la ansiedad.

Sin embargo, la realidad que supone un confinamiento largo pesa anímicamente cada vez más. La mayoría de los proyectos planteados, en una equivocada interpretación del tiempo en casa como tiempo de vacaciones, se han quedado a medias o no llegaron a empezar.

Se han tenido que negociar trabajos y estudios telemáticos, compras, comidas, limpieza, y falta de espacio adecuado desde el punto de vista práctico y la carga emocional que supone no tener las relaciones y las rutinas habituales desde un punto de vista psicológico. Las intenciones frustradas, en combinación con la presión de seguir con normalidad, están produciendo cuadros de desgana, dejadez, tristeza o irritabilidad.

Estos sentimientos se ven acompañados de malestar físico e insomnio. Aunque se ha insistido en la importancia de mantener una rutina y un cierto nivel de actividad física, mucha gente no ha llegado a conseguirlo. Pero incluso en los que sí lo han hecho, la presión psicológica se expresa a menudo en trastornos del sueño y cansancio físico. Ambos fenómenos se ven aumentados por la falta de actividad física regular, y por la falta de contacto con el aire libre y la naturaleza.

La comunicación digital, que en principio ayudó mucho a sobrellevar el aislamiento físico, ha empezado a cansar. Para muchos pasó de ser un apoyo emocional a ser algo que les produce irritación y rechazo por hablar siempre del mismo tema, o tristeza por acentuar el hecho que no se puede ver y tocar a las otras personas.

La imposibilidad de juntarse con sus familiares y amigos, especialmente para la gente que vive sola, y la perspectiva que incluso si eso llega a pasar se desaconseja el contacto físico, es algo que está produciendo ahora mismo mucha ansiedad y tristeza.

Parece que el ánimo de la mayoría ha empeorado no solo por todo lo anterior, sino porque se empieza a entrever, con las nuevas medidas anunciadas, lo largo que va a ser volver a cómo vivíamos antes del 14 de marzo de 2020.

Mientras se van concretando las medidas de “desconfinamiento”, se percibe la incertidumbre sobre el tiempo que será necesario para que ciertas actividades sean seguras. Como consecuencia, contemplar la manera en la cual vamos a vivir en los próximos meses está generando desesperación y angustia.

Fase siguiente: Sugerencias y pautas

De aquí en adelante, y dado el estado emocional prevalente, hay ciertas cosas que se pueden hacer y otras a evitar para seguir enfrentándose adecuadamente a la crisis de la pandemia del coronavirus. Estas son algunas de las tareas pendientes:

Sobrevivir el resto del confinamiento

Variar o retomar la rutina será importante para poder sobrellevar la continuación del confinamiento. Es posible que los horarios o actividades que han servido hasta ahora ya no motivan o cuesta cumplirlos. Cambiar de proyectos o retomar los abandonados podría refrescar la motivación.

Adaptarse a las nuevas normas y aprovecharse de ellas podría ser una manera de variar la rutina. Por ejemplo, incorporar paseos o deporte al aire libre de manera programada. Salir más de casa, a la calle o a la naturaleza, aporta beneficios físicos y mentales.

Cuidarse mentalmente. Elegir más conscientemente si se quiere estar con los demás o pasar más tiempo a solas, dedicar un tiempo a una afición o actividad que distrae y relaja, escribir un diario, y hacer ejercicios de relajación de manera regular.

Elegir mejor con quien y a qué ritmo mantener el contacto. No todas las personas valen para todos los momentos y no todo contacto social es necesariamente positivo por sufrir su carencia actualmente. Aprender a distinguir lo que se necesita y quien lo puede aportar es una gran ventaja a la hora de disfrutar más de las relaciones interpersonales. Si se necesita tomar una decisión o explorar planes, hay que hablar con quién puede ayudar en este proceso sin opinar e intentar Si se necesita desahogarse, hay personas que escuchan y empatizan mejor que otras. Y si lo que apetece es echarse unas risas y relajarse, elegir a los que mejor acompañan en ello.

Protegerse del contagio emocional

Es importante de identificar los sentimientos alrededor de ciertos temas y aclarar de dónde vienen dichos sentimientos, si son propios o reflejo de los demás.

Hablar con alguien de confianza que puede entender y no juzgar. También se puede escribir los pensamientos, a veces ayuda en su análisis y control.

Protegerse del contagio de retoricas extremas y combativas, limitando la exposición a los medios de comunicación y los discursos de los políticos.

Limitar la interacción con las personas que “encienden”, o sólo hablan del mismo tema. Lo mismo con las personas que están claramente alteradas emocionalmente, pero no parecen ser conscientes de ello y actúan de manera agresiva.

Tener cuidado de no transmitir las emociones, especialmente si son fuertes, sea en persona o través de Internet. Hay que modelar para los niños y jóvenes un buen manejo de estas, expresándolas en palabras y apartarse cuando se descontrolan, para no actuar sobre ellas. Si hay dificultad en conseguirlo, hablar con un especialista de la salud mental.

Construir nuevos esquemas para el futuro, a corto y medio plazo, ahora que sabemos que no se va a tratar de una “vuelta a la normalidad”. Se están empezando a sentirse las repercusiones económicas, el paro está disparado y hay mucha inseguridad.

Ha quedado claro que todo lo planeado para los próximos meses no va a suceder como estaba previsto y es dudoso que el resto del verano será distinto. Eso produce mucha ansiedad por la ambivalencia y la preocupación, y mucha frustración y rabia por los planes cancelados.

Lo mismo que antes decíamos intentar no contemplar el futuro, ahora es importante asumir que las circunstancias han cambiado de manera definitiva, dejar de lamentar lo que no va a suceder e ir preparando, a medida que se puede, la adaptación a la nueva realidad.

Seguir extremando precauciones. Si no se tiene cuidado, y a falta de tratamientos efectivos y vacuna contra el coronavirus, se corre el riesgo de un retroceso en el avance conseguido y una vuelta a medidas más estrictas con todas sus consecuencias.

En conclusión, en un futuro próximo sufriremos de manera más generalizada las consecuencias económicas y sociales. Va a ser importante que tengamos cuidado de no dejar a nadie atrás saliendo de esta crisis. Habrá una mayor incidencia de personas con ansiedad y tendencias de evitación, y de personas tristes y deprimidas.

Sufrirán mayor malestar psicológico muchos de los que han tenido circunstancias más complicadas, como haber estado en contacto directo con la enfermedad y la muerte, haber tenido unas condiciones de confinamiento adversas, o haber sido gravemente afectados económicamente.

Los que tienen más riesgo de tener efectos mayores y más duraderos en el tiempo son principalmente los trabajadores sanitarios. El agotamiento físico y emocional que la mayoría han sufrido, más la experiencia traumática propia y ajena a la que han sido expuestos, aumentan el riesgo de una mayor incidencia de trastornos ansiosos o depresivos.

No obstante, la mayoría vamos a salir casi ilesos psicológicamente y, en algunos casos, incluso más fuertes.  Es importante notar que en las guerras se han visto fortalecidos mecanismos de adaptación y resiliencia en las personas.

Por otro lado, a menudo los duelos han generado una reafirmación en la vida con su paso.  Por último, en ocasiones, los eventos traumáticos, una vez gestionados, han aportado una fortaleza psicológica aumentada en los que los han sufrido. En lo emocional, es probable que estemos pasando ahora lo peor y que, efectivamente, entraremos en breve en la bajada de la curva emocional.



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¿Qué es el síndrome de la cabaña y cuáles son las causas? Consecuencias del confinamiento

En este afán por renombrar las cosas y ponerles nombres, nos encontramos en la actualidad con el concepto “El síndrome de la cabaña”. Un término que no encontraréis en ningún manual de diagnóstico psicológico pero que se ha puesto muy de moda actualmente y que vamos a escribir sobre él para explicaros qué pretenden englobar […]

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miércoles, 6 de mayo de 2020

El CBD se está volviendo popular en el tratamiento contra la ansiedad

cbd-ansiedad

La ansiedad es el trastorno psiquiátrico más importante del mundo. Aunque no es una enfermedad mortal, las emociones llegan al punto en que la persona se siente amenazada sobre situaciones diarias. 

Con frecuencia, en los trastornos de ansiedad se dan episodios repetitivos de miedo o terror intenso, excesivo y persistente. El pico más alto son los ataques de pánico. De acuerdo con los datos de la OMS más de 264 millones de personas padecen ansiedad a nivel mundial. 

En España, según los datos encontrados en la Encuesta Nacional de Salud, elaborado por el INE (Ministerio de Sanidad y el Instituto Nacional de Estadística, del total de la población española, un 7,36 % padece ansiedad. 

Causas 

Algunas de las causas incluyen:

– estrés excesivo.

– los acontecimientos traumáticos.

– las alteraciones en el funcionamiento de alguno de los sistemas de neurotransmisores. 

– la relación con enfermedades psicosomáticas.

– los rasgos heredados también pueden ser un factor de ansiedad. 

Síntomas

Los signos más comunes incluyen la sensación de nerviosismo o agitación. Sensación de peligro inminente. Aumento del ritmo cardiaco. Respiración acelerada (hiperventilación). Sudoración. Temblores. Sensación de debilidad. Dificultades para concentrarse. Problemas para conciliar el sueño y para controlar las preocupaciones. 

Tratamiento de la ansiedad 

Comúnmente se emplean dos tipos de fármacos: los ansiolíticos, y los antidepresivos. Los ansiolíticos producen efectos tranquilizantes  los antidepresivos reducen los síntomas de ansiedad en cuestión de minutos. Mientras que son empleados en el tratamiento de los trastornos de angustia. Sin embargo, el consumo de estos medicamentos puede generar efectos adversos como la somnolencia, alteraciones de la memoria, náuseas, entre otros. 

CBD como tratamiento 

El CBD está ganando mayor popularidad como sustancia natural que puede utilizarse para tratar una amplia gama de enfermedades. En ese sentido, se han desarrollado numerosos estudios que han destacado los efectos del cbd para la ansiedad. 

También conocido como cannabidiol, es un compuesto derivado de la planta de cannabis. El CBD pertenece a la clase de compuestos químicos conocidos como cannabinoides. Hoy en día se comercializa con fines terapéuticos, gracias a sus efectos antiinflamatorios, inmunomoduladores, neuroprotectores, anticonvulsivos y ansiolíticos. 

¿Cómo funciona? 

Diversos estudios han confirmado que el CBD induce una sensación de calma para algunas personas. Los experimentos han descubierto que el compuesto podría reducir los síntomas de la ansiedad, debido a que puede lograr efectos similares a la medicación convencional.  

El cannabinoide o CBD, funciona en receptores de serotonina y se ha demostrado que fomenta la neurogénesis del hipocampo. El hipocampo es una zona del cerebro que ayuda a comprender el sistema límbico y juega un rol fundamental en la memoria y la orientación. 

Mientras que la neurogénesis consiste en la formación de nuevas neuronas en el cerebro. Por tanto, tanto el CBD como los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) promueven la neurogénesis. Esto es muy importante debido a que muchas investigaciones consideran que el aumento de la neurogénesis del hipocampo adulto es suficiente para reducir la ansiedad y los comportamientos depresivos. 



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¿En qué consiste la somatización de emociones?

somatización

Existe una conexión esencial en el ser humano entre su cuerpo y su mente. A lo largo de los años, el concepto “psicosomático” ha mantenido diferentes enfoques y la somatización  ha generado un amplio abanico de controversias y dudas que aún a día de hoy, pueden llegar a ser difíciles de comprender.

Lo que sí es indiscutible es lo referente a la idea de que ciertos “factores psicológicos” influyen en el funcionamiento corporal y aquí es donde sí hablamos de consenso entre los diferentes enfoques de la ciencia, la medicina y la psicología, aunque con diferentes perspectivas, pero existentes a la hora en que los profesionales deben enfrentarse con fenómenos difíciles de explicar desde lo estrictamente físico o biológico.

La especialidad  que tradicionalmente se ocupa de esto es la Medicina Psicosomática.

En esta ocasión, vamos a intentar aclarar algunos conceptos sobre la somatización y cómo pueden influir las emociones en la aparición de la enfermedad.

¿En qué consiste la somatización?

Como ya hemos indicado, el término “psicosomático” ha sido siempre y continúa siendo muy discutido por la ambigüedad del mismo, lo cual ha dado lugar a importantes malentendidos y a su vez a la búsqueda de las vías que conllevan a este término.

Dicho vocablo contiene los conceptos de “psique” y “soma”, o lo que es lo mismo, mente-cuerpo. De igual forma, la palabra “somatizar” (con raíces griegas) se compone de “soma” (cuerpo) y de “izein” (convertir en), de donde deducimos que somatizar podría definirse entonces como la transformación o conversión del proceso mental en síntomas físicos de forma involuntaria.

Cuántas veces no hemos acudido al médico sin que éste encuentre alguna patología asociada a nuestros síntomas (físicos, cansancio, dolor, etc.).

Nos realizan diferentes pruebas médicas pero no se llega a encontrar el origen identificable de nuestro malestar, aunque el dolor o dolencia continúa e incluso interfiere en la vida de la persona, tanto a nivel personal, como laboral o social. Aquí es entonces donde entraría la somatización.

¿Somatizamos a través de las emociones?

Sabemos que nuestra infancia y cómo la vivimos será determinante en el desarrollo posterior de nuestra conducta y personalidad e igualmente, las necesidades básicas no atendidas o insatisfechas pueden ocasionar diferentes tipos de trastornos a posteriori.

Si hablamos en términos de emociones, los daños emocionales recibidos en la infancia y vividos intensamente o prolongados en el tiempo, tendrán un impacto en nosotros a nivel emocional y consecuentemente, a nivel fisiológico.

Una herida emocional puede afectar a nuestro cuerpo de múltiples formas: problemas gástricos, dolores, síntomas neurológicos, problemas en las relaciones sexuales, órganos afectados, etc. Por tanto, la somatización sería el reflejo del dolor emocional “enquistado” o no procesado en nuestro cuerpo.

¿Cómo aparece entonces la somatización?

Son muchos los autores que nos hablan de la somatización y de esta relación entre cuerpo y mente.

Alice Miller, en “El cuerpo nunca miente”, hace un repaso por la biografía de personajes conocidos, analizando los daños que recibieron en sus infancias y cómo reflejaron sus cuerpos años después esas “dolencias emocionales” en distintas enfermedades.

Las emociones necesitan ser expresadas libremente, verbalizadas, de ninguna forma escondidas en lo más profundo de nuestro yo, aunque en ocasiones sucede que no encontramos respeto, comprensión o empatía al llevarlo a cabo y eso puede hacernos sentir solos, perdidos, confusos o desamparados.

El profesor de Psicología y Neurociencia de la Universidad de Colorado Boulder, Tor D. Wager, realizó un estudio en el que descubrió que las zonas cerebrales que se activan cuando sufrimos un dolor físico son las mismas que cuando experimentamos un dolor emocional: “Nuestro cerebro no sabe diferenciar entre un estado u otro, más bien le importa la intensidad de lo vivido y el sufrimiento resultante”.

Parece ser que un estado de estrés continuado, largos periodos de ansiedad pronunciada o problemas emocionales persistentes con una pobre gestión emocional, son la causa que conlleva a la somatización.

En este sentido, si no gestionamos de una forma sana nuestras emociones, si no sabemos ser resolutivos con nuestros propios conflictos emocionales y detenernos a tiempo para trabajar y sanar dicho proceso, tendremos más probabilidad de enfermar.

Pondremos un ejemplo: Una persona que soporta en el trabajo un elevado nivel de estrés continuo, sale del trabajo y continúa trabajando en casa sin descansar las horas necesarias, etc., y cuando termina ese periodo de estrés para supuestamente disfrutar de sus vacaciones, cae enferma.

Cuando la mente se relaja, el cuerpo reclama su atención y es entonces cuando “da la cara” o muestras las consecuencias de nuestra previa mala gestión emocional. Es entonces cuando comienzan a aparecer esas “muestras en nuestro cuerpo” que pueden darse en diversas formas: dolores de cabeza, dolores de espalda, dolor de articulaciones, problemas gastrointestinales (náuseas, ardor, diarrea, vómitos…), reacciones alérgicas, etc.

Entonces, ¿cómo hago para dejar de somatizar?

Afortunadamente, cada vez está más al alcance de nuestras manos el conocimiento sobre cómo poder manejar de una forma saludable  nuestras emociones y hoy en día disponemos de todo un abanico de posibilidades para que dicha gestión pueda llevarse a cabo.

Cuando una emoción nos invade, como pueda ser sentir miedo en un momento dado, sentirnos tristes por ciertas situaciones de nuestras vidas, o sentir ira, lo primero que intentaremos por lo general, es reprimir esa emoción, puesto que hemos convivido durante demasiado tiempo quizás con muchas de las que ahora son nuestras creencias limitantes, como cuando nos decían: “No llores, llorar es de niñas”,  “no confíes en nadie”, “no sé si vas a ser capaz de hacerlo” y un largo etc.

Permitirnos sentir nuestras propias emociones puede resultar agotador si no somos capaces de gestionar esa emoción, pero entonces no conseguiremos reconciliarnos con nuestro dolor emocional para poder sanar aquello que está arraigado dentro de nosotros y que en su momento, nos hizo daño, de forma consciente o inconsciente.

La emoción queda encapsulada y decidimos enterrarla en lugar de mirarla de frente, de sacarla a pasear de nuestra mano o acompañarla y darla el espacio que se merece.

Que nuestro cuerpo deje de somatizar es difícil e incluso, ciertas personas son más  insistentes en empeñarse que existe una enfermedad subyacente cuando el médico no encuentra el origen de la causa física de su dolor y se les hace complicado aceptar que nuestra mente juega de igual forma un papel importante a la hora de somatizar.

El tratamiento farmacológico es necesario para ciertas dolencias pero es algo que alivia a corto plazo; siempre se puede complementar con un profesional que nos ayude a gestionar nuestras emociones de  la forma más saludable.

Es importante que te preguntes a ti mismo cómo te sientes, qué necesitas, que puedas hacerte un auto-chequeo emocional y observes cuál es la respuesta, quizás te sorprendas sabiendo que es más sencillo de lo que imaginabas.

Algunas pautas que pueden ayudarnos a dejar de somatizar

Reconocer nuestra situación actual y las emociones que estoy sintiendo en cada momento, es el primer paso hacia nuestro bienestar emocional. ¿Qué puedo hacer cuando mi cuerpo me envía señales?:

  • Reconoce y acepta lo que estás sintiendo en cada momento y observa en qué parte del cuerpo se encuentra tu dolor.
  • Intenta mirar hacia atrás al pasado y recuerda en qué otros momentos te sentiste de la misma forma.
  • Ponle palabras a lo que estás sintiendo. Te ayudará incluso a ponerle nombre a tu emoción, por ejemplo, si estoy sintiendo miedo ahora, ponle un nombre, un color, una forma… Conseguirás al menos darle el espacio que se merece.
  • Evita situaciones que te causen estrés o te hagan daño. Puedes practicar relajación o meditación cuando comiences a sentirte angustiado o sobrepasado y tu mente-cuerpo lo agradecerán.
  • Comparte con personas allegadas a ti aquello que estás sintiendo en ese momento. Poder expresar lo que sientes te ayudará a sacar lo que llevas dentro.
  • Si en ese momento no te apetece hablar, puedes escribir en un papel cómo te sientes, a qué te recuerda, con qué te conecta …

Recuerda que siempre es importante mantener una actitud positiva ante la vida, teniendo en cuenta que la vida también está llena de dificultades y momentos duros. Detrás de cada emoción, siempre se esconde un aprendizaje el cual quizás, aún no hayas sido capaz de reconocer.



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martes, 5 de mayo de 2020

La belleza, un estado de ánimo

belleza

El sentimiento de la autoestima se sustenta sobre pilares extremadamente frágiles. Uno de ellos es el concepto de belleza, una idea abstracta vinculada al aspecto exterior que puede ocasionar verdaderos quebraderos de cabeza. Para las personas con una pobre concepto de sí mismas, situarse fuera de los cánones puede ser un elemento perturbador.

A la hora de efectuar un autoexamen, muchas personas evalúan la belleza en función de parámetros como el peso, la altura, el color de pelo, la estructura corporal o la apariencia de la piel.

Sin embargo, se olvidan de un factor fundamental; según los expertos en psiquiatría, la belleza depende sobre todo de aspectos como la alimentación, el descanso, el deporte y los cuidados personales. Velar por uno mismo/a proporciona felicidad y eso genera belleza y se proyecta hacia los demás.

Cánones de belleza

Los cánones de belleza que nos “venden” a través de los medios pueden ser una fuente de frustración de primer nivel. Las mujeres han de ser delgadas, bellas y estar permanentemente arregladas; los hombres han de ser altos, delgados, atractivos, musculosos y deportistas. La edad es otro factor que genera estrés emocional: las mujeres han de parecer siempre jóvenes. No hay  tolerancia hacia las arrugas o los cabellos canosos, los efectos de paso del tiempo han de permanecer ocultos, tanto en el fondo como en la forma.

Estas actitudes comerciales, que priman el continente por encima del contenido, están detrás de numerosos trastornos por los cánones de belleza. La bulimia y la anorexia son un ejemplo, pero hay más. En el caso de las mujeres maduras, la consecuencia es muchas veces una sobrevaloración de la cirugía. No hay más que ver las actrices que superan o se acercan a los 50: bótox, liftings y modificaciones que en ocasiones tienen resultados desastrosos.

En este sentido, toman especial relevancia las palabras de la doctora García-Dihinx, directora de un centro médico de cirujanos plásticos en Zaragoza

“Es de inteligencia renuncia a ofertar cirugía a pacientes dismofofóbicas. La paciente que espera que la cirugía sea la solución a sus problemas personales, familiares y de inseguridad no va a encontra en la cirugía el punto de saluda a sus problemas. Esa es la paciente a la que hay que decir que no. Por esta razón tengo estrecha colaboración con psiquiatras y psicólogos a los que poder derivar a una de estas pacientes en un momento determinado, y esa es la verdaera manera de ayudarlas”

Cuidados personales y autoestima

En el aspecto de la belleza, los cosméticos naturales ocupan un papel relevante; y no hablamos tan solo de cuestiones estéticas. Por un lado, proporcionan herramientas para mejorar la apariencia física y crear salud, pero también son importantes desde un punto de vista social. La persona que utiliza productos naturales siente que contribuye a mejorar el medio ambiente; su apuesta por la cosmética ecológica equivale a compromiso con el entorno y se traduce en bienestar personal.

En el caso de la cosmética vegana, la sensación positiva todavía va más allá. El hecho de utilizar productos sin ingredientes de origen animal crea un estado de ánimo doblemente satisfactorio. No solo jugamos con principios de sostenibilidad, de alguna manera estamos también protestando contra el maltrato animal.

Todos estos conceptos son relevantes desde el punto de vista de la autoestima. Son una forma de fomentar dos tipos de  belleza perfectamente compatibles y complementarias: la física y la mental.

El poder de las influencers

En el caso de las más chicas más jóvenes, un elemento preocupante es el fenómeno de las influencers. Estos personajes mediáticos, que cuentan con millones de seguidoras en Instagran, se han constituido en un referente estético a imitar. Todas son delgadas, guapas y estilosas, y todas han conseguido triunfar con apenas 20 años.

Luchar contra estas imposiciones estéticas no es tarea fácil. La base está en fomentar la autoestima desde la base, con argumentos a favor de la aceptación y de una vida saludable.

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lunes, 4 de mayo de 2020

Tipos de gráficas estadísticas para representar datos

Los diversos tipos de gráficas estadísticas te ayudarán a representar los datos de tus investigaciones del modo más profesional posible. Recuerda que somos altamente visuales y a la hora de procesar datos, una ayuda visual siempre nos ayuda a comprender mejor la relación entre los mismos.

En cualquier proceso de investigación con rigor científico, debemos recurrir a los datos para sustentar nuestras hipótesis. Estos datos deben ser dispuestos de tal manera que puedan interpretarse de modo individual con relación al tiempo, o en conjunto para encontrar semejanzas, variaciones y otro tipo de variables que permitan llegar a análisis más precisos.

Los diferentes tipos de gráficas estadísticas son las herramientas más efectivas, por no decir que las únicas, para lograr conclusiones más verídicas.

Tipos de gráficas que puedes usar en investigación

Tipos de gráficas

Antes de entrar en materia, debes saber que un gráfico es una herramienta visual de tratamiento de datos numéricos. Se usa para la interpretación y análisis de datos de diversa índole, debido a la múltiple información que nace de la disposición gráfica de datos que pueden dialogar entre sí desde un contexto visual.

A continuación te presentaremos los tipos de gráficas más usados en proyectos de investigación, para que elijas aquellas que se acomoden más fidedignamente a lo que quieres evidenciar.

Gráfico de barras

Grafico de barras

Este tipo de gráfica es una de las más usada por las ventajas que presenta a la hora de presentar datos y la facilidad de leerla. En esta se presentan los datos en forma de barras ubicadas sobre dos ejes cartesianos.

Generalmente se usa para presentar datos de variables discretas, con el fin de analizar elementos como la frecuencia. En el ejemplo anterior, en el eje horizontal se representa el número de estudiantes, y en el eje vertical el número de clase. La idea es evaluar el nivel de asistencia a las sesiones educativas.

Gráfico circular

Grafico circular

El gráfico circular también es conocido como gráfico por sectores o gráfico de torta. En este tipo de gráfica, la representación de los datos se da a través de la división de un círculo en porciones de diferentes, que representan la cantidad de variables investigadas.

Si quieres probar uno de estos gráficos, para efectos prácticos, te recomendamos usarlo en investigaciones en donde el número de datos no sea excesivo, pues de este modo no alcanza a interpretarse de un modo efectivo.

El gráfico circular se usa generalmente para representar valores percentuales, es decir, aquellos datos en los que se quiere representar el porcentaje de cada valor. Es por esto que, cada una de las porciones de acuerdo a su tamaño, representa la frecuencia con relación al total, expresado en el círculo completo.

Gráfico de líneas

Grafico de lineas

Dentro de los tipos de gráficas, uno de los más usado para representar la relación entre variables dependientes e independientes, es el gráfico de líneas. De la misma manera es usualmente utilizado para hacer análisis de relaciones entre diferentes investigaciones.

Por medio de esta herramienta se pueden hacer por ejemplo contrastes entre datos existentes en investigaciones de diferentes épocas o instituciones, para mirar las relaciones existentes y la veracidad de las hipótesis presentadas a partir de los mismos.

Histogramas

Tipos de graficas

Los histogramas son un tipo de gráfica, usada principalmente para indicar la frecuencia de valores determinados, la diferencia que añade con respecto, al gráfico de barras, es que por una línea transversal se puede analizar además todo un intervalo.

Este tipo de gráfica se realiza igualmente sobre un eje cartesiano en el que los valores principales se representan por medio de barras y los intervalos a partir de la línea que cruza la gráfica. Por medio de esta herramienta se puede interpretar la frecuencia y la dispersión de los datos proporcionados, siendo un elemento genial para predecir probabilidades.

Gráfico de dispersión

Grafico de dispersion

Este tipo de gráfico también es conocido popularmente como gráfico XY y funciona de modo que sobre el plano cartesiano se ubican diferentes puntos que representan todos los datos obtenidos en la investigación.

Generalmente, los ejes representan los valores correspondientes a una variable dependiente y otra independiente, y los puntos corresponden a los datos obtenidos al valor observado en la fase de observación.

Dentro del tipo de gráficas, esta se usa principalmente para establecer relaciones entre variables por medio del cálculo, e incluso permite determinar el tipo de relación entre las mismas.

Gráfico de áreas

Grafico de areas

El gráfico de áreas se usa para observar relaciones entre variables dependientes e independientes. La diferencia con el gráfico de líneas es que el gráfico de áreas permite observar la acumulación, debido a que se incluye todo lo que se sitúa debajo de la línea.

La ventaja más grande de este tipo de gráfica es que permite ver relaciones entre datos tomados de diferentes investigaciones, permitiendo ver con claridad las diferencias o similitudes entre los diversos datos observados. Aquí puedes ver por ejemplo relaciones entre compañías, grupos poblacionales o productos, con un factor común.

Cartogramas

Cartograma

Los cartogramas son gráficas estadísticas que usan el mapa del mundo, un continente, un país o una región determinadas para generar datos estadísticos de las mismas. Este tipo de gráficas estadísticas son usadas frecuentemente en las áreas de la salud, sobre todo para mirar enfermedades o factores de salud variables en diferentes zonas.

De la misma manera, es usada en otro tipo de investigaciones para hacer contrastes entre diferentes culturas o zonas con respecto a una variable específica.

Es común además ver que los cartogramas aparecen en el contexto de marketing y publicidad para representar diferentes tipos de datos que pueden generar afinidad de acuerdo a la frecuencia globalizada de ciertos productos o servicios.

A grandes rasgos, estos son los tipos de gráficas estadísticas más usados en los diferentes proyectos de investigación con rigor científico. Puedes valerte de ellos para ejemplificar los datos obtenidos en tus diferentes observaciones, lo mejor es que se puedan adaptar fácilmente a diferentes tipos de presentaciones para tus exposiciones, haciendo que aquello que tienes por decir cobre más atención y relevancia.

¿Cuál de los tipos de gráfica debes elegir? Eso dependerá de la naturaleza de los datos y de lo que quieres evidenciar con ellos.

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