viernes, 30 de diciembre de 2016

Los diferentes lenguajes del amor

lenguajes del amor

No sentirse amado en una relación de pareja puede llegar a ser muy frustrante y decepcionante. Genera inseguridad, la cual al principio es mitigada por la comprensión y la empatía, pero más tarde o más temprano, promueve que las diferencias se vuelvan océanos imposibles de recorrer, las críticas y los ataques aparecen en discusiones y las peticiones se convierten en demandas que satisfacemos por culpa, miedo u obligación.

Cada persona expresa, siente, entiende, da y recibe amor de diferentes maneras. De la misma forma que en los idiomas, el amor tiene diferentes lenguajes, y si tu pareja no se siente amada, posiblemente estés trasmitiendo en el idioma equivocado.

Sentirnos amados es una necesidad vital para nuestro bienestar, de hecho es una de nuestras necesidades básicas, y cuando en el marco de las relaciones esto deja de darse, el alejamiento es cada vez más notable.

Si tu hablas un idioma y tu pareja habla otro, no habrá forma de entenderos y vuestros tanques de amor estarán vacíos, es decir, no os sentiréis queridos. Es entonces cuando aparecen las inseguridades, los reproches y un sin fín de discusiones que lo único que hacen es acabar mermando la estabilidad de la relación.

Si quieres evitar que esto ocurra, la clave es aprender el idioma de la otra persona.

Los lenguajes del amor

Básicamente hay cinco idiomas diferentes en el amor, y cada uno de nosotros tiene uno que predomina.

Tenemos la tendencia a comunicarnos en nuestro propio lenguaje, y la importancia recae en aprender que el lenguaje de la otra persona no siempre es el mismo que el tuyo.

Esto puede conllevarte más o menos dificultad, pero la decisión de amar, de generar un entorno donde la comunicación sea asertiva, donde los problemas y las crisis puedan abordarse desde la tranquilidad y la calma, donde se hable para generar puentes, puede llegar a ser suficiente motivo como para adentrarte a aprender un nuevo idioma.

‘Si queremos ser efectivos comunicadores de amor, debemos esta dispuestos a aprender el lenguaje amoroso del otro’ D. Chapman

1. Palabras 

Este es el lenguaje de las personas que necesitan de las palabras para sentirse queridas.

Si este es el lenguaje de amor principal de tu pareja, es muy posible que te pida el reconocimiento de sus acciones, de sus esfuerzos, de sus éxitos y de sus virtudes. Afirmar a tu pareja con palabras y darle el aprecio que necesita.

Utilizar este lenguaje también es saber dar los ánimos necesarios en el momento en que nuestra pareja necesita un empujón para salir de sus miedos y poder alcanzar sus propósitos.

Para poder hacerlo es importante empatizar con ella y ver el mundo a través de sus ojos. Los ánimos no son para que haga lo que nosotros queremos, es para darle el valor que le falta para alcanzar sus sueños.

¿Cómo aprender este lenguaje? Si no eres una persona de palabras, puedes empezar con pequeñas prácticas. Escuchar las solicitudes de tu pareja te puede ayudar a saber que es exactamente lo que necesita. Poco a poco, y enseguida podrás ver el cambio de actitud de la persona que quieres, lo cual te animará a seguir aprendiendo. Al final, con la práctica encontrarás un espacio de comodidad para seguir expresando en palabras.

2. Tiempo de Calidad

Dar nuestro tiempo y atención completa es un poderoso comunicador de amor. Y con completa me refiero a prestar toda tu atención, sin móviles, sin ordenadores, sin televisión, sin prensa.. sin nada más que pueda distraerte. Lo importante es la persona que tienes delante, la persona que estas escuchando y así se lo demuestras dedicándole todo tu tiempo.

El tiempo de calidad puede ser hacer alguna actividad conjuntamente con un propósito común, disfrutando el uno del otro, como también espacios para conversaciones donde comunicar experiencias, pensamientos, sentimientos y deseos.

Esto implica expresar quién eres para generar intimidad. Si desconoces lo que tu pareja siente o piensa, dejas de conocerla, y no se puede estar emocionalmente cerca de alguien que no conoces. Es un muro invisible que desplaza la seguridad emocional que ofrece el sentirse amado o amada.

Hay personas que llevan tanto tiempo desconectadas de sus sentimientos que hasta les cuesta reconocerlos. Si este es tu caso, el primer paso para aprender este lenguaje es aceptar que todos somos seres emocionales y que la educación y las experiencias de la vida han favorecido esta desconexión en ti. Practica el adentrarte en tu mundo interior, prestar atención a lo se mueve dentro de ti, a las señales que va dando tu cuerpo, para volverte a conectar poco a poco con tus sentimientos y emociones.

3. Regalos

La actitud del amor siempre va acompañada con el dar.

Es indiferente si son comprados, encontrados o hechos a mano, lo importante es que la otra persona ha estado pensando en ti, en lo que te puede gustar y te puede hacer feliz. El regalo es solo un símbolo de esos pensamientos.

Aún así, el regalo más preciado es el regalo de uno mismo. Estar en los momentos en que tu pareja te necesita o son importantes para ella.

Este es uno de los lenguajes más fáciles de aprender.

4. Actos de servicio

Otra forma de expresar amor son los actos de servicios, hacer cosas que sabes que a tu pareja le gusta que hagas.

Es importante insistir que estos actos se hacen libremente. Se decide hacerlos por amor para demostrarle a la otra persona que la quieres, no por miedo, ni manipulación, ni culpa. Y siempre respetándote, en caso contrario estaríamos hablando de un amor tóxico e insano.

Es posible que tengas que romper con creencias o estereotipos que te obstaculizan el camino del aprendizaje de más lenguajes del amor que no sean el tuyo. Si aún así decides continuar en el camino, además de hacer que tu pareja se sienta querida, estarás recorriendo un camino de crecimiento y desarrollo personal.

5. Contacto físico

El contacto físico es un gran comunicador de amor. De hecho, diversas investigaciones han llegado a la conclusión que los niños y niñas que han sido besados y abrazados en su infancia, desarrollan una vida emocional más saludable.

En la edad adulta, también necesitamos de este contacto para generar intimidad y acercamiento. Puede ser ir cogidos de la mano, besarse, abrazarse, tener relaciones sexuales…

Comunicando

Ahora que ya conoces los cinco lenguajes del amor, te será más sencillo identificar cual es el tuyo y cual el de tu pareja.

No es algo que se aprenda en un día, pero la dedicación y la práctica conllevan sus frutos, con el tiempo te sentirás más cómoda o cómodo con la expresión de otro idioma afectivo, tu pareja y tu relación te lo agradecerán.

Si quieres acertarte emocionalmente a alguien y/o mejorar tu vida de pareja, éste es uno de los caminos más efectivos.

Fuente: Los 5 lenguajes del amor de G.Chapman

Photo Credit: Pareja de enamorados via Shutterstock

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martes, 27 de diciembre de 2016

Cómo nos afecta el estrés Navideño causado por problemas auditivos

problema auditivo

En los últimos años ha podido comprobarse que aquellas personas que están largo tiempo sometidas a elevados niveles de estrés son más propensas a sufrir problemas auditivos como los acúfenos o tinnitus, un fenómenos que se caracteriza por la percepción de sonidos, zumbidos, pitidos o golpes dentro del oído sin que estos procedan de ningún estímulo exterior.

Desde los centros auditivos y numerosos expertos advierten de que en la época navideña, con las compras de última hora, los gastos o las reuniones familiares aumentan considerablemente este tipo de patologías.

Generalmente los acúfenos se presentan en forma de episodios de duración variada, desde unos minutos a varias horas. En los casos más graves pueden darse durante días o semanas. Debido a que a su causa es el estrés, pueden ser más o menos duraderos y muy diversos en intensidad.

Un alto porcentaje de los adultos han experimentado o experimentarán situaciones de alta exposición a estrés y fases de ansiedad a lo largo de su vida . El cansancio o la falta de actividad física también influyen y figuran entre las posibles causas, junto con los sonidos de alta intensidad, los cambios hormonales, infecciones en los conductos auditivos o el consumo de algunos fármacos.

Entre las medidas que pueden ayudar a evitar la aparición de estos síntomas tan incómodos están intentar descansar habitualmente si percibimos que estamos sobrepasados por alguna situación que pueda generar nerviosismo y estrés. También eliminar el consumo de estimulantes del sistema nervioso como el café y controlar la hipertensión. Cualquier adulto puede ser un potencial paciente de acúfenos especialmente durante las fiestas.

Según los médicos, hasta un 75% de los habitantes de grandes ciudades y zonas comerciales padecen algún grado de pérdida auditiva. La causa directa es que las células responsables de generar la acción auditiva dejan de realizar la función que naturalmente le corresponde para producir el acúfeno.

El tráfico urbano, el aéreo, los electrodomésticos, la maquinaria pesada, los teléfonos móviles, auriculares, los centros comerciales, las discotecas o las salas de música, son estímulos a evitar si estamos padeciendo esta patología.  Por otro lado aquellos que sufren estas molestias tienden a entrar en un bucle del que es difícil salir, es la pescadilla que se muerde la cola.

Primero están sometidas a un alto nivel de estrés, lo que les hace más propensos a sufrir esta patología. Cuando finalmente la sufren empiezan a percibir sonidos, pitidos, zumbidos y a notar cierta presión en la cabeza y dificultad para oír, esto les lleva a padecer cierta ansiedad que a su vez, aumenta la producción de acúfenos. En gran medida esto puede deberse a que el estrés provoca gran tensión en los músculos faciales. Algunos se endurecen e implican también a los encargados de la mordida, lo que provoca que rechinen los dientes. Estos músculos están conectados de manera muy directa con ciertas estructuras del oído.

Para tratar  los acúfenos por estrés la recomendación médica es acudir a un centro auditivo desde la aparición de los primeros síntomas. Además, aprender técnicas de entrenamiento y relajación.

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viernes, 23 de diciembre de 2016

Autoestima: Cómo influye en el sobrepeso

sobrepeso

“De todos los juicios que hacemos a lo largo de la vida, ninguno es tan relevante como el que hacemos sobre nosotros mismos, porque este juicio es el motor de nuestra existencia”. Nathaniel Branden.

¿Cómo es posible que tras decenas de dietas una persona no sea capaz de aprender a comer bien y mantenerse dentro de unos límites saludables de peso?

A un intento le sucede otro nuevo, con prácticamente los mismos resultados. Se logra bajar una cantidad considerable de peso, muchas restricciones alimentarias, y al dejar la dieta, o bien porque se ha alcanzado el resultado deseado o porque se ha agotado toda la motivación, se recuperan todos los kilos y alguno más de regalo.

Cualquier persona con sobrepeso verá que en esto se resume su vida: una dieta tras otras y una sensación de pérdida de control sobre su cuerpo y, por sobregeneralización, sobre su vida. Aparecen dietas milagro, nuevos ejercicios y tratamientos y el pensamiento de que esta vez sí será la buena resurge en la cabeza. Los intentos no llegan a dar sus frutos, algo falla y no encuentran la explicación.

Sin embargo, todo es mucho más fácil de lo que parece a simple vista. Para ello, debemos entender el cuerpo como una mezcla de sentimientos, pensamientos, emociones, personalidad y genes. Todo, absolutamente todo, conforma lo que somos. Entidades que se relacionan estrecha y directamente. Entidades que no existirían si una de ellas desapareciese. Por tanto, si decidimos bajar de peso, ¿no estarían en juego también otros factores y no sólo la alimentación y el ejercicio físico? De hecho, son los otros factores los que sustentan la dieta y los nuevos hábitos.

Y podemos aún simplificar más la ecuación. Emociones, pensamientos, sentimientos y, por supuesto, conductas se encuentran abarcadas sobre un único concepto: la autoestima, nuestra capacidad de valoración propia y del mundo, un conjunto de creencias basado en las experiencias acumuladas a lo largo de nuestra vida.

“Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre la puerta y se deja entrar al futuro”. Deepak Chopra.

Al principio de nuestra vida, cuando somos bebés y niños pequeños, nuestra forma de ver y entender el mundo no se extiende más allá de nuestros padres y nuestros familiares más cercanos. Todo lo que ellos dicen se convierte en una verdad universal. Por tanto, su forma de relacionarse entre ellos, con nosotros y también con ellos mismos, es para nosotros una verdad irrefutable. Sus prejuicios, sus discusiones, sus enfados y, por supuesto, también sus cosas buenas, van creando en nosotros una carta de vida que se irá convirtiendo poco a poco en nuestra personalidad.

Si nuestros padres -primero padres y después las demás personas que se irán sumando a nuestra vida, como nuestros profesores- nos dicen que somos malos, nosotros creeremos que somos malos. Si nos dicen que somos incapaces de hacer nada a derechas, nosotros lo convertiremos en una verdad absoluta. Vamos absorbiendo todo lo que nos dicen y hacen, siendo este el patrón que repetiremos en nuestra vida adulta.

Por tanto, la autoestima es el pilar sobre el que se construye nuestra vida: emociones, sentimientos, pensamientos y conductas. Somos lo que somos y hacemos lo que hacemos porque nuestra autoestima así nos lo marca. Y, además, siempre buscará la forma de demostrarnos que tiene razón. ¿Creemos que no somos capaces de aprobar un examen? Encontrará el camino para que esto se confirme: no estudiaremos lo suficiente, faltaremos a clase, decidiremos salir de fiesta la noche anterior… Lo que sea por confirmar la creencia.

Interfiere en todas las áreas de nuestra vida, lo que también incluye nuestro peso, la forma de comer, la alimentación y nuestros hábitos. Una autoestima baja, decidida a sabotearnos para volver a tener razón: no mereces ser feliz. Porque, aunque parezca impensable, podemos llegar a odiarnos a nosotros mismos.

Una baja autoestima, que implica una valoración excesivamente desfavorable sobre nosotros mismos, acaba generando odio y rencor hacia lo que somos. Un odio que hace que busquemos personas, conductas y hábitos que nos dañen. Un odio que muchos dirigen hacia la alimentación, ya que a corto plazo genera calma y satisfacción debido a mecanismos biológicos, pero que conlleva la posterior culpa, generando aún más odio.

Como decíamos antes, la autoestima siempre quiere tener razón, y con la comida y la falta de control sobre ella, se consigue. Este círculo vicioso, hace que sintamos que hemos perdido el timón sobre nuestra propia vida, y como necesitamos encontrar la calma, volvemos a comer, acabando convertidos en esclavos de la comida, el espejo y la báscula, incapaces de diferenciar el hambre real del emocional, sin freno y criticándonos aún más. Hemos conseguido odiarnos y comemos para demostrarnos lo débiles que somos.

Después de esto, lógicamente podemos entender que el problema del sobrepeso no reside en la alimentación o la vida sedentaria, sino que detrás de ello hay un conjunto de creencias limitantes bajo la dictadura de la autoestima que van a hacernos fracasar una y otra vez en los intentos por salir del agujero.

La solución está en aprender a controlar nuestras emociones, nuestros sentimientos, pensamientos y conductas y, para ello, debemos trabajar lo más importante, la autoestima. La labor consiste en ir reformulando nuestras creencias, convertirlas en aliadas y poco a poco ir creando unos cimientos de amor propio y valoración positiva que cooperen en nuestros objetivos, no que se conviertan en nuestro peor enemigo.

Photo Credit: Hombre con soprepeso via Shutterstock

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jueves, 22 de diciembre de 2016

¿Para qué sirve el coaching?

coaching

Es posible que en los últimos hayas hayas oído hablar del coaching, incluso en el entorno de tu empresa. Esta tendencia comenzó en EE.UU pero ha entrado con fuerza en Europa y más concretamente en  las grandes ciudades de España, sin ir más lejos, ya puedes encontrar coachs que ofrecen coaching en Madrid, Barcelona, Sevilla y otras ciudades. Se trata de una herramienta que puede ayudar a encontrar el camino hacia la felicidad y el éxito, tanto personal como profesional.

Por sorprendente que parezca, los expertos aseguran que comenzó su andadura ya en la antigua Grecia y que uno de sus primeros precursores fue el propio Sócrates, a través de su método basado en promover el diálogo con sus discípulos para llegar al conocimiento.

La tarea del coach es la de, a través de el entrenamiento personal , llevar a su cliente desde el estado presente en el que se encuentre al estado deseado. De esta manera se incrementa el nivel de conciencia sobre el escenario al que nos enfrentamos actualmente y permite definir qué queremos conseguir realmente.

El primer objetivo es ponerse en marcha y dar los primeros pasos para lograrlo. Se podría decir que el coaching es una disciplina de síntesis, un proceso de entrenamiento y aprendizaje progresivo que se sitúa en la esfera de la acción y de la aplicación. A través de una relación profesional continuada con el coach aumentarás tu rendimiento y mejorarás tu calidad de vida, lo que tendrá como consecuencia resultados visibles en el negocio o el ámbito personal.

Esta técnica aborda de manera dinámica cuestiones técnicas y psicológicas. Uno de los campos de trabajo más solicitados en el coaching personal es la gestión del tiempo, la gestión de los conflictos, de las creencias , de los hábitos, del estrés y de las emociones, con el objetivo de alcanzar autonomía y resolver problemas importantes pero cotidianos.

Para que funcione y no nos encontremos en el lugar equivocado, es importante no confundir este método con otros sistemas de ayuda. El coaching no es psicoterapia, ya que no soluciona ni atiende patologías. No es orientación, ya que no ofrece consejos, sino que fomenta la reflexión y la decisión personal.

También está lejos de la formación, ya que en vez de transmitir saberes se centra en que aprendas a utilizar tus propias habilidades y desarrollarlas al máximo. Tampoco es un arte, ya que si bien se basa en una buena relación entre el coach y el cliente, se necesita formación profesional para poder ejercerlo.

Los objetivos principales del coaching son dos: por un lado clarificar lo que realmente deseas. Muchas veces no estamos totalmente satisfechos con algún aspecto de nuestra vida, pero no sabemos cómo explicar cual es la situación que nos incomoda. Este sistema ayuda a identificar cuáles son estos obstáculos y eliminar las trabas en tu camino. Por último, identificar los pasos a seguir para lograr lo que deseas. Cuando por fin sabes lo que quieres, el coach te ayudará a valorar y priorizar nuevas opciones para construir un plan de acción.

Photo Credit: Pixabay

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Cómo vivir el fin de año con agradecimiento y gratitud

agradecimiento

Llegando a las fiestas los sentimientos se ponen a flor de piel y las personas empezamos a entrar en la recta final de un ciclo.

La sensación de apremio y de que todo parece que va a terminarse en estos últimos días nos tiene corriendo, preocupados de la cena festiva, los regalos, el lugar de reunión, las peleas familiares, la presente ausencia de los que no están y echamos de menos.

El final de diciembre suele ser una bomba molotov que muchos tratamos de apagar de manera desesperada antes que nos explote en la cara.

Algunas personas dicen: “Quiero saltarme esa parte del año y llegar directo a las vacaciones”.

Luego vienen los mentados e inevitables balances de fin de año, en los que no solemos tener piedad con nuestra humanidad o nuestro límites.

Con semejante prospecto, muchos tiran la toalla antes de subir al ring…

Pero hay otro modo.

A la manera de la gratitud, el terreno se allana y el cielo vira de un nuboso plomizo a un despejado lleno de estrellas.

La gratitud es una de las fuerzas más potentes dentro de la Psicología Positiva y tiene la potencia de levantarnos de la tumba con una sonrisa puesta en los labios.

La disposición a agradecer consiste en ver tu vida y situación presente a la luz de entender que el universo nada te debe y sin embargo tus días están repletos de bendiciones. Es quitarse la venda de los ojos, como despertarse de una pesadilla.

Mirando así uno aprende que tal vez las cosas no sean como uno quiere pero que son buenas de todas maneras.

Es conciliarnos con nuestra historia con humildad y reconocernos logros, virtudes, fortalezas, reactivando la capacidad de asombro.

Debemos tener en cuenta que ser agradecido no es entrar en una postura solipsista o negadora ya que siempre habrá algo malo de que quejarse, sino que es tener una visión más amplia donde podamos incluir también lo bueno de la vida y estar agradecidos por ello.

Por eso, luego de un año difícil, en estas fiestas me digo a mí mismo:

Gracias, por andar, sudar, soñar, volar y volver a aterrizar.
Gracias por los presentes con envoltorios difíciles de abrir.
Por los regalos sin moños ni formalidades.
Por las risas.
Y por esas cosas, que como el buen vino, necesitan reposar para mostrar sus verdaderas virtudes.
Gracias por la chispa, por los gatos que no han parado de llover sobre mi cabeza.
Por las caricias.
Por los machucones.
Gracias.
Porque me han traído el más bello y contundente de los mensajes:
 

ESTOY VIVO
(y respiro)

Photo Credit: Agradecimiento via Shutterstock

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miércoles, 21 de diciembre de 2016

La depresión es un proceso de cambio, no sólo una enfermedad

proceso de cambio

En estos últimos años mi vida ha dado muchas vueltas. Cortar con mi pareja de toda la vida, cambiar de casa, el máster, conocerme como ama de casa, el cáncer de mi madre, cambiar de casa otra vez, la muerte de mi perro, conocerme como terapeuta…

El recorrido ha sido largo. Mirando atrás no sé si era el tiempo el que corría o era yo. Lo que sí me he dado cuenta es que hay situaciones, experiencias, que me cuesta más afrontar. Tiendo a aislarme, a protegerme y meterme en mi cascarón, y ese cascarón esta hecho de… ¡chocolate! Está tan rico, me hace sentir tan bien que cómo no recurrir a ello. Al chocolate o a la pizza. También me vale comida turca, china o patatas fritas. Da igual que esté bueno o no. No voy siquiera a saborearlo. Solo voy a tragarlo. Rápido. Sin sentir nada. Ese es el objetivo. No sentir nada. 

La comida, el deporte, el tabaco, el alcohol, los videojuegos, la televisión… incluso estudiar puede convertirse en un sedante estupendo para no ver lo que estamos viendo, no escuchar lo que nos están diciendo o no sentir lo que realmente estamos sintiendo.

Y es que debajo de esa necesidad de correr, de olvidar, de no sentir, se encuentran, o suelen encontrarse, la rabia, la tristeza y sobre todo el miedo.

A veces gastamos más tiempo y energía en no ver a estos tres titanes que en escucharlos. Y creo que clínicamente a este proceso se le llama depresión, o ansiedad, o dolor de espalda (por citar algunos síntomas).

He aprendido que la rabia es importante para mí. Que no tengo por qué asustarme de ella y tragármela. Lo que sí he tenido que aprender es a gestionarla. A sacarla sin herir. Solo está ahí para que yo me respete a mí misma y así puedan respetarme los demás. Y es que hay muchas cosas que nos hacen enfadar, ¡y con razón! Como cuando se te cae la tortilla al darle la vuelta. O cuando no encuentras aparcamiento. Pero más cuando sabes que no vas a volver a ver a alguien que realmente era importante. Y esto me lleva a la tristeza.

He aprendido que la tristeza es parte de la despedida. Despedirse de un compañero de clase, despedirse de las responsabilidades que no tenía, despedirse del perro (creo que aún no me he despedido del todo) o despedirse de un ser querido. Y cuando estoy triste y no me escondo puedo recibir consuelo, puedo permitirme estar acompañado, puedo permitirme pedir ayuda para tener menos miedo. Qué puede dar más miedo que no saber como será tu vida a partir de ahora.

El miedo… Ese sí que me tiene entre la espada y la pared. Ese sí que me obliga a mirar bien hacia dentro. Me obliga a tratarme con ternura, a ser comprensiva conmigo misma, me lleva a crecer.

Por eso digo que la depresión es un proceso de cambio. Quizás sea parte de un proceso de duelo. A veces pasamos por épocas en las que la rabia, la tristeza y el miedo se llevan todas nuestras energías. Y prácticamente nos obliga a dejarlo todo. A parar y mirar en qué punto estoy, qué necesito. Y nos lleva a crecer, a cambiar, a poner nuestra vida patas arriba. A estudiar y leer sobre algo que jamás nos había interesado. Nos fuerza a hacer deporte para fortalecer ese cuerpo que tras tanto ajetreo se ha quedado realmente débil. Y tenemos que hacerlo poco a poco. Con cuidado de no pisar en la misma piedra y sobre todo, con cuidado de no acabar otra vez en el mismo punto.

Ahora sé que después de la rabia llega el sentimiento de poder, que después de la tristeza llega la alegría, y que después del miedo llega el amor. Por eso siempre hay que seguir hacia delante.

Photo Credit: Chica deprimida via Shutterstock

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viernes, 16 de diciembre de 2016

Convivencia entre adolescentes y niños pequeños

adolescentes

Muchos pensamos en un adolescente y sólo imaginamos rebeldía, problemas, bromas pesadas… en realidad, convivir con un adolescente se asemeja mucho a hacerlo con un niño de alrededor de 3 años. Sólo que una larga cadena de “¿por qué?” para todo, es mucho más adorable y tierna en un pequeñito que en un chico de unos 13 o 14 años. ¿Acaso están en nosotros los prejuicios que nos hacen ver como rebeldía mal educada la curiosidad de un adolescente?

Estas etapas de la vida suelen representar difíciles rompecabezas para padres de familia y para las personas que rodean a niños pequeños y adolescentes. Quizá porque es difícil dar respuesta a una interminable cadena de preguntas y cuestionamientos. Quizá porque como adultos hemos puesto a dormir la curiosidad con que ellos ven el mundo.

Es por ello que adolescentes y niños pequeños pueden hacer un equipo fantástico y aportarse muchas cosas positivas entre ellos. Para un niño que tiene entre uno y tres años de edad, convivir de forma cotidiana con un chico de entre 12 y 16 años le da muchos elementos interesantes. Por ejemplo, el bebé aprenderá a comunicarse de forma verbal y no verbal de forma mucho más rápida y concreta.

Un chico en edad adolescente tiene sus emociones mucho más “a flor de piel” que un adulto. Aunque no se puede generalizar, podemos decir que muchos chicos de esa edad reaccionan con mucha intensidad ante los estímulos emocionales externos, ante lo que otros les dicen, a lo que sienten y piensan. Un bebé que apenas está aprendiendo los parámetros de comunicación puede enriquecer muchísimo sus expresiones, sobre todo las no verbales al convivir cotidianamente con un chico o una chica 12 años mayor. Desde aprender a cruzar los brazos para comunicar “estoy enojado”, a intercambiar sonrisas cuando está feliz, este tipo de comunicación no verbal puede facilitar el paso a la expresión verbal para un pequeño y mejorar sus intercambios con sus padres y sus cuidadores en general.

También es cierto que el bebé intentará imitar conductas tan cotidianas y a veces difíciles de enseñar como tomar un baño, cepillarse los dientes o comer sentado a la mesa.

¿Y el adolescente cómo se beneficia?

Sobre todo, su capacidad de comprender al otro desde la empatía se incrementa considerablemente. De quizá ver al bebé como “una personita que habla raro”, aprenderán a intentar comunicarse, a ser pacientes, a intentar comprender, incluso a ser más claros. Aprenderán a no sentir que son los únicos con curiosidad, los únicos en no poder expresar todo lo que sienten, los únicos en sentirse incomunicados e incomprendidos. Además, se divierten muchísimo juntos. Crean y diseñan juegos que los activan física y mentalmente y que los hacen sentir responsables de alguien más frágil.

La verdad es que esta relación no tiene desperdicio y si se fomenta ya sea en el núcleo familiar o institucionalmente (con grupos de jóvenes que hagan sesiones de juego en guarderías o escuelas de educación inicial), puede brindar una gran gama de reacciones positivas en ambos grupos de edad involucrados.

Photo Credit: Hermanos via Shutterstock

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